Ponedoras de ciclo largo: nuevos desafíos para alcanzar el potencial genético

Durante las últimas décadas, el mejoramiento genético ha transformado profundamente la producción mundial de huevos. Las ponedoras modernas presentan una persistencia de postura superior, mejor eficiencia alimenticia y una mayor capacidad para mantenerse productivas durante períodos cada vez más prolongados. Actualmente, alcanzar o incluso superar los 490 huevos por gallina alojada ya forma parte de los objetivos productivos de muchas explotaciones comerciales.

Sin embargo, estos avances también plantean nuevos desafíos. La genética ha demostrado hasta dónde puede llegar una gallina moderna, pero convertir ese potencial en resultados reales depende cada vez más de la nutrición, el manejo y la salud de las aves.

El desafío de sostener la calidad de cáscara

Uno de los principales problemas que enfrentan los productores en ciclos prolongados es el deterioro progresivo de la calidad de la cáscara. A medida que aumenta la edad de las aves, también lo hace el tamaño del huevo, mientras que los mecanismos fisiológicos responsables de absorber, movilizar y utilizar el calcio pierden eficiencia.

La consecuencia es conocida por todos: incremento de huevos fisurados, roturas, pérdidas económicas y una menor proporción de huevos comercializables.

Hoy sabemos que este fenómeno no puede atribuirse únicamente al envejecimiento de la gallina. Gran parte de la respuesta está relacionada con la capacidad de mantener una adecuada homeostasis mineral durante todo el ciclo productivo.

La importancia de un adecuado manejo del calcio

La formación de la cáscara representa uno de los mayores desafíos metabólicos para una ponedora. Cada huevo requiere aproximadamente dos gramos de calcio para su correcta mineralización, una demanda que se repite prácticamente a diario durante más de un año de producción.

Por esta razón, el calcio continúa siendo uno de los nutrientes más importantes dentro de cualquier estrategia nutricional orientada a ciclos largos.

Sin embargo, actualmente sabemos que no sólo importa la cantidad de calcio incluida en la dieta. También resultan fundamentales aspectos como la granulometría de las fuentes de calcio, su solubilidad, la relación calcio:fósforo y el momento en que estos minerales están disponibles para el ave durante el proceso de formación de la cáscara.

Diversos estudios muestran que las necesidades de calcio en aves adultas pueden superar las recomendaciones utilizadas históricamente para gallinas, mejorando tanto la calidad de cáscara como la resistencia ósea cuando se ajustan adecuadamente los niveles de inclusión.

Vitamina D: una pieza clave del metabolismo mineral

Junto con el calcio, la vitamina D desempeña un papel central en la absorción y utilización de minerales.

Investigaciones recientes realizadas en gallinas, al final del ciclo productivo demostraron que una mayor disponibilidad biológica de vitamina D permite incrementar los niveles plasmáticos de calcio, mejorar la resistencia de la cáscara y reducir la incidencia de huevos no comercializables.

Un aspecto interesante es que los beneficios observados fueron similares tanto con mayores niveles de vitamina D3 convencional como con niveles equivalentes de 25-hidroxivitamina D3. Estos resultados sugieren que el foco debe estar puesto en garantizar una adecuada actividad biológica del sistema vitamina D y no exclusivamente en una fuente específica.

En otras palabras, el desafío consiste en optimizar la utilización del calcio por parte de la gallina para acompañar las crecientes exigencias de los ciclos productivos modernos.

Micro minerales: más allá de la fuente

Los micro minerales también cumplen funciones esenciales en la formación de la cáscara, la salud ósea y los mecanismos antioxidantes.

Entre ellos, el zinc participa en múltiples procesos fisiológicos relacionados con la integridad de tejidos y la actividad enzimática. Diversos trabajos muestran que su suplementación mejora parámetros vinculados al estado antioxidante y aumenta la disponibilidad del mineral para el organismo.

Sin embargo, uno de los hallazgos más interesantes es que, bajo determinadas condiciones experimentales, tanto fuentes orgánicas como inorgánicas fueron capaces de generar respuestas fisiológicas similares cuando las dietas cubrían adecuadamente los requerimientos nutricionales.

Esto pone de manifiesto que la respuesta productiva no depende exclusivamente de la fuente utilizada, sino de una correcta estrategia nutricional que contemple dosis, biodisponibilidad, estado fisiológico y condiciones productivas de cada lote.

Un nuevo paradigma nutricional

Las gallinas actuales son capaces de producir más huevos durante más tiempo que nunca. Pero esta realidad exige abandonar algunos conceptos tradicionales y adoptar una visión más integral de la nutrición.

La calidad de cáscara, la persistencia de postura y la viabilidad de las aves dependen de la interacción entre múltiples factores: calcio, fósforo, vitamina D, micro minerales, salud intestinal, manejo alimentario y estado sanitario.


No existe una única herramienta capaz de resolver todos los desafíos de los ciclos largos. El éxito radica en comprender la fisiología de la ponedora moderna y aplicar estrategias nutricionales que permitan sostener su productividad durante todo el ciclo.La genética ya demostró de lo que estas aves son capaces. El desafío que enfrenta hoy la industria es evolucionar en nutrición y manejo al mismo ritmo para que ese potencial se transforme en resultados productivos sostenibles.

Referencias bibliográficas

Jing, X., Wang, Y., Song, F., Xu, X., Liu, M., Wei, Y., Zhu, H., Liu, Y., Wei, J., & Xu, X. (2022). A comparison between vitamin D3 and 25-hydroxyvitamin D3 on laying performance, eggshell quality and ultrastructure, and plasma calcium levels in late period laying hens. Animals, 12(20), 2824. https://doi.org/10.3390/ani12202824

Nascimento, G. R. do, Murakami, A. E., Guerra, A. F. Q. M., Ospinas-Rojas, I. C., Ferreira, M. F. Z., & Fanhani, J. C. (2014). Effect of different vitamin D sources and calcium levels in the diet of layers in the second laying cycle. Brazilian Journal of Poultry Science, 16(2), 37-42. https://doi.org/10.1590/1516-635X160237-42

Yu, Q., Liu, H., Yang, K., Tang, X., Chen, S., Ajuwon, K. M., Degen, A., & Fang, R. (2020). Effect of the level and source of supplementary dietary zinc on egg production, quality, and zinc content and on serum antioxidant parameters and zinc concentration in laying hens. Poultry Science, 99(12), 6233-6238. https://doi.org/10.1016/j.psj.2020.06.029

Bain, M. M., Nys, Y., & Dunn, I. C. (2016). Increasing persistency in lay and stabilising egg quality in longer laying cycles. What are the challenges? British Poultry Science, 57(3), 330-338.

Manejo del comedero: una herramienta clave para la eficiencia del feedlot

El manejo del comedero puede definirse como el conjunto de acciones destinadas a ajustar la cantidad, calidad y momento de entrega del alimento a la demanda de los animales. Su objetivo es maximizar el consumo, además de lograr una ingesta predecible y consistente, minimizando tanto el desperdicio como las variaciones en su composición.

En sistemas intensivos basados en dietas de alta concentración energética, constituye una herramienta clave para reducir la variabilidad diaria de la ingestión y evitar ciclos de sobreconsumo y restricción que pueden comprometer la eficiencia de conversión y aumentar el riesgo de trastornos digestivos (Pritchard y Bruns, 2003).

La estabilidad del consumo como objetivo

El consumo de materia seca de un corral no es constante. La temperatura ambiente, las precipitaciones, el barro, la composición y la materia seca de la dieta, errores de mezclado, cambios en los horarios de alimentación o problemas sanitarios pueden modificar la cantidad consumida de un día a otro. Cierta variación es inevitable, sin embargo, el problema aparece cuando esa variabilidad crece como consecuencia del propio manejo de la alimentación. Una caída del consumo puede dejar animales con hambre y predisponer a un consumo mayor, e incluso, más rápido cuando vuelve a haber alimento disponible. Este comportamiento puede alterar el ambiente ruminal y generar nuevamente una disminución en el consumo.

De manera simplificada, estas variaciones generan un patrón cíclico representado como:

↓ consumo → hambre → consumo rápido y/o excesivo → alteración ruminal → ↓ consumo

Este tipo de oscilación resulta especialmente preocupante en dietas con alta proporción de almidón, baja fibra efectiva y/o en animales que aún no se encuentran adaptados a la dieta. Cuando el pH ruminal cae por debajo de 5.8 por determinado tiempo, los animales disminuyen el consumo, presumiblemente como mecanismo para limitar la producción de ácidos de fermentación (Nagaraja y Titgemeyer, 2006). Una vez reestablecidas las condiciones ruminales, el consumo puede aumentar nuevamente y reiniciar el ciclo (Figura 1).

Por lo tanto, además de cuánto consume un corral, interesa conocer cómo se distribuye ese consumo a lo largo del día y en relación con las entregas de la ración. Dos corrales con un consumo diario similar pueden presentar patrones de alimentación diferentes y, en consecuencia, responder de manera distinta frente al manejo del comedero.

 

El concepto de “slick bunk”

Uno de los sistemas más difundidos en los feedlots es el denominado slick bunk management o manejo de comedero limpio.

El objetivo no es mantener el comedero vacío durante períodos prolongados, restringiendo intencionalmente el consumo, sino ajustar progresivamente la oferta al apetito real del corral, buscando que, al momento establecido de la lectura, quede una cantidad mínima o nula de alimento remanente en el momento.

La lógica del manejo del comedero consiste en encontrar un equilibrio entre dos extremos: la subalimentación y la sobrealimentación o exceso de oferta. En el primer caso, una oferta insuficiente puede limitar la ganancia de peso y prolongar los días de engorde. Además, si el comedero permanece vacío durante demasiado tiempo, los animales pueden consumir demasiado rápido el alimento luego de la siguiente entrega y a su vez aumenta la competencia por el mismo, ambas situaciones indeseables.

En el extremo opuesto, una oferta excesiva genera desperdicios, favorece la selección de partículas y aumenta el deterioro del alimento remanente. Cuando el alimento permanece en el comedero y se mezcla con una nueva entrega, pueden modificarse el olor y las características físicas de la ración, afectando potencialmente su aceptación y, por lo tanto, disminuir el consumo.

Entonces, el objetivo es utilizar el estado de los comederos como una herramienta para estar cerca del consumo esperado del corral si generar períodos prolongados de restricción ni acumulación innecesaria de alimento.

 

 

La lectura del comedero como herramienta de decisión

La lectura de comedero consiste en monitorear, una vez al día, el estado del mismo en toda su longitud antes de realizar una nueva entrega. Idealmente, esta observación debe realizarse todos los días a una hora consistente, generalmente al comienzo de la jornada y previo a la primera entrega.

Para facilitar el registro y reducir la subjetividad en la observación, habitualmente se utilizan escalas de puntuación, numéricas o mediante letras (Figura 2). De esta manera, una observación visual se transforma en un registro sistemático y comparable en el tiempo, que posteriormente puede relacionarse con la cantidad ofrecida, el consumo histórico y la respuesta productiva y sanitaria de los animales.

La escala utilizada debe ser simple, repetible y comprensible para todas las personas involucradas en la alimentación. Un sistema demasiado complejo puede aumentar las diferencias entre observadores y dificultar su aplicación diaria.

Más allá de la utilidad de esta herramienta, el puntaje asignado al comedero no debe interpretarse en forma aislada. Un mismo puntaje puede representar situaciones diferentes dependiendo de cuándo se terminó el alimento, cómo se comportan los animales y cuál fue la evolución del consumo durante los días anteriores.

En este sentido, es importante resaltar la diferencia entre un comedero que acaba de quedar vacío con un comedero “lamido”. Un comedero que se vació poco antes de ser observado puede indicar un buen ajuste entre oferta y consumo; mientras que uno intensamente lamido puede sugerir que los animales permanecieron durante un período prolongado sin alimento disponible.

Por esto, además de observar el comedero, resulta útil observar al animal: su comportamiento previo a la entrega, la competencia frente al comedero y su respuesta ante la llegada del mixer, ya que en conjunto aportan información que complementa la lectura.

De la misma manera, encontrar alimento remanente tampoco siempre es el resultado de una sobreoferta. Esto puede reflejar una caída real del consumo asociada con estrés térmico, problemas sanitarios, deterioro o cambios en la calidad de la dieta, entre otros. Es por ello que la evaluación del remanente no debe limitarse a su cantidad, sino también a su composición y estado, diferenciando el alimento potencialmente aprovechable de partículas rechazadas, material indigestible, alimento deteriorado o simplemente suciedad (Figura 3).

De la lectura a la decisión: ajuste de la oferta de alimento

Uno de los errores más frecuentes en el manejo del comedero es reaccionar demasiado rápido frente a una observación puntual. La lectura diaria es importante, pero adquiere valor cuando se interpreta como parte de una tendencia.

La decisión de aumentar, mantener o reducir la oferta no debería basarse en una única lectura de comedero. Los protocolos de manejo desarrollados por las universidades de Iowa y de Nebraska, recomiendan analizar el historial reciente de consumo, generalmente los últimos 4 a 7 días, para identificar tendencias crecientes, estables o decrecientes. De esta manera, se evita reaccionar a variaciones transitorias y realizar ajustes que, en lugar de corregir el problema, pueden aumentar la variabilidad del consumo.

Para decidir cuánto alimento ofrecer deberían integrarse diferentes fuentes de información:

Este punto es particularmente importante porque algunos cambios en el consumo pueden deberse a variaciones reales en el apetito de los animales, mientras que otros pueden ser consecuencia del propio manejo o del clima.

El calor puede modificar fuertemente el patrón diario de ingestión, desplazando una mayor proporción del consumo hacia las horas más frescas. En condiciones de estrés térmico, el manejo de la oferta y del horario de alimentación puede ser una herramienta adicional para reducir el impacto sobre los animales. Las recomendaciones recientes para sistemas de carne incluyen anticiparse a los eventos climáticos y ajustar la oferta y el horario de entrega. De manera similar, el barro y las condiciones invernales pueden aumentar los requerimientos de mantenimiento y, al mismo tiempo, dificultar el acceso de los animales al alimento y al agua (Figura 4).

Por lo tanto, frente a un cambio de consumo, la primera pregunta que deberíamos hacernos es ¿Por qué cambió? Identificar la causa antes de realizar el ajuste permitirá evitar que el propio manejo amplifique una variación que podría ser transitoria.

 

Entregar la dieta correcta, en la cantidad correcta y en el momento correcto: consistencia

Más allá del sistema de alimentación utilizado, uno de los conceptos que aparece de manera reiterada en la bibliografía es la necesidad de consistencia.

La estabilidad que buscamos en el consumo comienza antes de que el alimento llegue al comedero.

Esto implica:

  • Mantener horarios de entrega consistentes;
  • Tratar de minimizar los cambios en la composición de la dieta, evitando modificaciones abruptas en los ingredientes o en sus proporciones;
  • Monitorear la materia seca de los ingredientes variables y ajustar los kilogramos cargados cuando sea necesario;
  • Controlar el correcto vaciado del mixer y el funcionamiento de la balanza, para asegurar que la cantidad cargada y entregada sea la prevista;
  • Realizar cambios graduales en la cantidad ofrecida, evitando respuestas excesivas frente a variaciones puntuales del consumo;
  • Controlar las pérdidas y el alimento que queda fuera del comedero.

Este último punto merece especial atención. Un error frecuente es considerar que la cantidad cargada o entregada por el mixer representa exactamente el consumo de los animales. El alimento derramado durante la distribución o que queda afuera del comedero no es consumido, pero puede quedar registrado como parte de la oferta. Esto genera errores en la estimación del consumo real y representa una pérdida económica directa. Cuando las mermas son importantes, pequeñas pérdidas diarias pueden transformarse en cantidades significativas de alimento desperdiciado a lo largo del ciclo de engorde (Figura 5).

Conclusiones


El manejo del comedero debe entenderse como un sistema continuo de monitoreo y toma de decisiones. El objetivo final es lograr que los animales mantengan una ingesta elevada, estable y compatible con una fermentación ruminal segura y una buena eficiencia de conversión. Para ello, es fundamental evaluar diariamente el estado del comedero, ajustar la cantidad de alimento ofrecida en función de las lecturas, minimizar los desperdicios y mantener la mayor consistencia posible en los horarios y en la composición de la dieta.


Más allá de la proteína bruta: por qué los aminoácidos digestibles de las fuentes de soja definen el desempeño porcino

La proteína bruta es un indicador necesario pero insuficiente de la calidad nutricional. Dos fuentes de soja —expeller o harina— con idéntico nivel proteico pueden aportar cantidades marcadamente distintas de aminoácidos digestibles, con impacto directo sobre la ganancia diaria de peso (GDP), el índice de conversión y el retorno por animal. Evaluar lo que el cerdo realmente aprovecha —y no sólo lo que el análisis declara— es la base de la formulación de precisión.

1 · El límite de la proteína bruta como criterio de calidad

La proteína bruta (PB) se determina a partir del nitrógeno total (N × 6,25): cuantifica cantidad de nitrógeno, no su aprovechamiento. No discrimina entre aminoácidos individuales ni informa sobre su biodisponibilidad. El cerdo, en rigor, no tiene un requerimiento de «proteína»: tiene requerimientos de aminoácidos esenciales digestibles —lisina, metionina+cistina, treonina, triptófano, etc— articulados bajo el concepto de proteína ideal. La lisina constituye el primer aminoácido limitante en las dietas maíz–soja.

2 · Variabilidad entre proveedores y entre partidas

Las fuentes proteicas de soja —expeller y harina— presentan una variabilidad significativa en la digestibilidad ileal estandarizada (DIE) de sus aminoácidos, en función del origen, la variedad y, de manera determinante, el proceso de extracción y tratamiento térmico. Esta variabilidad es especialmente marcada en el expeller, cuyo prensado/extrusión genera calor por fricción con un control térmico menos uniforme que la extracción por solvente de la harina, lo que vuelve más frecuentes tanto el sub- como el sobreprocesamiento. El subprocesamiento deja activos factores antinutricionales (inhibidores de tripsina); el sobreprocesamiento desencadena la reacción de Maillard, que compromete la digestiibilidad de varios aminoácidos —la lisina es la más reactiva, por su grupo ε-amino libre, y el indicador más sensible (lisina reactiva), pero el daño térmico alcanza también a la cistina, la arginina y otros—, reduciendo la digestibilidad del conjunto. Por ello, dos partidas con igual PB pueden diferir varios puntos en la DIE de sus aminoácidos.

3 · Impacto sobre el desempeño productivo

Formular sobre aminoácidos digestibles —y no sobre PB— es la base de la nutrición de precisión, y el sentido del error no es indistinto. Sobreestimar la DIE de lisina —acreditar a la fuente un aporte que no posee— genera dietas deficientes que limitan la GDP, comprometen la deposición de tejido magro y empeoran la conversión: el costo es productivo. Subestimarla, en cambio, deriva en sobreformulación —fuente proteica o aminoácidos sintéticos en exceso para cubrir un requerimiento ya satisfecho—: el desempeño se sostiene, pero la dieta se encarece y se eleva la excreción nitrogenada; el costo es económico. Ambos desvíos erosionan el resultado, por vías distintas, y el riesgo alcanza a todas las categorías: del lechón en recría —más sensible por la inmadurez digestiva— al cerdo en terminación, donde se define el costo por kilogramo. Sólo el valor real de cada partida, (estandarizando la materia prima por análisis), evita ambos errores.

4 · La tecnología que lo hace posible: NIRS PNE de Adisseo

La cuantificación rutinaria de aminoácidos por partida es viable gracias a la tecnología NIRS PNE (Precise Nutrition Evaluation) de Adisseo. Al operar en una red global, sus calibraciones se actualizan de forma permanente con nuevos datos, capturando la variabilidad real de las materias primas a escala mundial.

5 · Del dato a la decisión

Conocer el perfil real de aminoácidos digestibles de la fuente de soja, permite formular con exactitud, ajustar matrices nutricionales, seleccionar proveedores con criterio técnico y proteger el margen sobre costo de alimento. Es la diferencia entre asumir la calidad y verificarla. En un escenario donde el alimento representa la mayor fracción del costo de producción, esta precisión constituye una palanca directa de rentabilidad y de mejora continua del desempeño en granja.

 

Bibliografia consultada:

  • Feeding program and use of additives in growing-finishing pigs. M.D. Tokach (Kasnsas State University-Manhattan. USA)- XXXIII Curso Especializacion FEDNA 2017.
  • Tratamiento tecnológico de los granos de leguminosas: Influencia sobre su valor nutritivo. A. Brenes y J. Brenes- IX Curso de especialización FEDNA 1993.
  • El procesamiento de cereales en dietas de monogástricos. J. Wiseman – Universidad de Nottingham. Gran Bretaña. – IX Curso de especialización FEDNA 1993.
  • General nutrition principles for swine. Kansas State University Agricultural Experiment Station and Cooperative Extension Service – Oct. 2007

¿Por qué es importante conocer la densidad de los silajes?

La densidad de los silajes es un dato clave para asegurar que su confección se haya realizado correctamente. Además, permite calcular el stock de alimento disponible y ajustar adecuadamente las raciones para el ganado.

 

Introducción

La conservación de los nutrientes de los cultivos depende de la fermentación, un proceso fundamental en la producción de ensilado. Para que este proceso se realice de manera efectiva, es necesario que ocurra en un entorno anaeróbico, es decir, sin oxígeno.

La cantidad de oxígeno presente en el silaje dependerá de varios factores, como el contenido de humedad, el tiempo de llenado del silo, el tipo de compactación y la longitud de corte del ensilado. Cabe destacar que, aunque se logre el mejor manejo en la confección, siempre quedará algo de oxígeno.

Durante la fase inicial de fermentación, las células del forraje absorben el oxígeno y lo convierten en dióxido de carbono mediante la respiración celular. También las bacterias aeróbicas presentes en el material consumen el oxígeno junto con los azúcares de las plantas, generando dióxido de carbono, agua y calor. Esta fase de respiración celular generalmente dura varias horas, aunque puede variar según las prácticas de ensilado.

Cuando no se logran altas densidades en el forraje conservado, la fase aeróbica se extiende más tiempo de lo deseado y el forraje continúa “respirando” y consumiendo una mayor cantidad de hidratos de carbono que luego no estarán disponibles como sustrato para la fermentación ni tampoco como energía para los animales.

 

Oxígeno: el enemigo de los silajes

Como mencionamos anteriormente, durante la fermentación, el oxígeno es consumido y los gases de fermentación llenan los poros del silo (pequeñas cavidades entre las partes sólida y líquida del material). En la fase de extracción, estos poros pueden permitir la infiltración de oxígeno hasta distancias de 4 metros, lo que favorece la reactivación de microorganismos aeróbicos que descomponen los carbohidratos disponibles y generan calor. A menor densidad, mayor será la porosidad del ensilaje y el ingreso de oxígeno al mismo. Esto resulta en la pérdida de volumen y de calidad del alimento, por lo tanto, una gran parte del esfuerzo realizado para producir altos rendimientos por hectárea se ve anulado si la densidad no es adecuada y se produce deterioro aeróbico.

El patrón general de dicho deterioro es:

  • cuando se introduce oxígeno comienzan a crecer los microorganismos aeróbicos
  • las levaduras son generalmente las iniciadoras del deterioro aeróbico, consumiendo azúcares y ácidos de fermentación y elevando la temperatura y el pH del silaje
  • con el aumento del pH, crecen bacilos y otras bacterias aeróbicas aumentando aún más la temperatura
  • finalmente, los mohos completan el deterioro del ensilado.

Se calcula que cuando el moho se hace visible las pérdidas de materia seca son mayores al 20 % y ya se produjeron cambios sustanciales en la calidad nutricional y el contenido de almidón comenzó a disminuir. A su vez, el desarrollo de hongos también puede predisponer a la presencia de micotoxinas. Como resultado tendremos una disminución drástica en la producción de leche o de carne.

 

¿Cómo medir la densidad?

Una forma precisa de medir la densidad de los silajes es a través de la toma de muestras con un cilindro acoplado a un taladro con el cual se perfora la pared del silo en distintas áreas, tratando de ser lo más representativo posible. Luego las muestras se pesan y, conociendo el volumen del instrumento con el que tomamos la muestras, podemos calcular la densidad calculando volumen (m3) sobre masa (kg).

¿Qué densidad debería buscarse?

Conclusión

Conocer la densidad de nuestros silajes nos permitirá asegurar que el producto fue confeccionado de manera correcta o tomar las precauciones debidas en caso de que no haya sido así. Aumentar la densidad del ensilado ofrece varias ventajas como:

– Reduce la cantidad de aire (oxígeno) en la masa de forraje.

– Mejora la fermentación y conservación de nutrientes.

– Minimiza las pérdidas del material.

– Permite almacenar más ensilado en el mismo espacio.

Programación fetal en bovinos: cómo la nutrición materna define el futuro productivo del ternero

¿Qué es la programación fetal?

La programación fetal es un concepto que ha cobrado protagonismo en los últimos años en la ganadería. Se refiere al impacto que tiene el ambiente uterino (especialmente la nutrición materna) sobre el desarrollo del feto y su posterior desempeño. En otras palabras: cómo alimentamos a la vaca durante la gestación influye no solo en su salud y fertilidad, sino también en el futuro del ternero en términos de crecimiento, inmunidad, fertilidad y/o calidad de carne.

Durante la gestación, cada tejido y órgano del ternero se forma en momentos específicos. Si durante esas ventanas de desarrollo la madre sufre una deficiencia de nutrientes, puede haber alteraciones permanentes que afectaran al animal durante toda su vida. Aún con un peso adecuado al nacer o un buen estado general, la falta de nutrientes durante la gestación deja “marcas” que más adelante pueden limitar su crecimiento, su salud o su rendimiento. Estas alteraciones, llamadas epigenéticas, cambian cómo se activan o silencian ciertos genes, y pueden incluso transmitirse a la siguiente generación.

 

La vaca no se alimenta solo para sí misma

Una vaca en producción puede estar en distintas situaciones:

  • Preñada
  • Amamantando
  • Preñada y amamantando al mismo tiempo

 

Esto significa que nunca se alimenta únicamente para su propio mantenimiento, sino que lo que consume impacta directamente sobre su cría. Por lo tanto, no existe un momento en el ciclo de la cría donde se acepte restringir a las vacas sin generar repercusiones en el futuro. Deberíamos considerar a la suplementación de las madres también como una forma de satisfacer las necesidades del feto y así asegurar que sus futuras crías permitan maximizar su potencial genético.

Los mayores desafíos para la industria cárnica son producir carne de buena calidad, que satisfaga la demanda poblacional y genere el menor impacto ambiental posible. Una de las maneras de alcanzar estos objetivos es acortar el ciclo de producción animal. Dado que el músculo esquelético, que proporciona carne, comienza a desarrollarse durante la etapa intrauterina, manipular el desarrollo muscular fetal puede ayudar a mejorar la eficiencia de la producción. Sin embargo, el músculo tiene menor prioridad en la distribución de nutrientes en comparación con los tejidos vitales durante el desarrollo prenatal (Long et al., 2009; Meyer et al., 2010). La etapa temprana y media de la gestación es crucial para el aumento del número de fibras musculares, lo cual ocurre exclusivamente durante el período prenatal. Simultáneamente, el tejido adiposo comienza a desarrollarse a mediados o finales de la gestación y, aunque las células grasas continúan formándose después del nacimiento, esta capacidad disminuye en los primeros meses de vida (Du et al., 2010).

 

Primer trimestre: desarrollando las bases

Durante el primer tercio de gestación, aunque el feto aún es muy pequeño, ocurren eventos clave que definen su desarrollo. En esta etapa se forma la placenta, que será el puente vital para el transporte de nutrientes y oxígeno entre la madre y el feto. También comienza la formación de los principales órganos: corazón, pulmones, cerebro, hígado, aparato digestivo y órganos reproductivos. Además, se establecen las células madre que darán origen al tejido muscular y adiposo.

Si bien las demandas energéticas de la madre aún no son elevadas, hoy se sabe que una restricción nutricional durante este período puede tener efectos permanentes, como:

  • Menor vascularización de la placenta, limitando el suministro de nutrientes y oxígeno al feto durante toda la gestación.
  • Menor desarrollo de los órganos
  • Disminución en el número de fibras musculares, lo que a futuro se traduce en terneros con menor potencial de desarrollo muscular.

 

Segundo trimestre: músculo y grasa en construcción

Entre los días 95 y 190 de gestación, el crecimiento fetal se enfoca en:

  • Hiperplasia muscular: aumento en el número de fibras musculares.
  • Adipogénesis: inicio de la formación de células adiposas.
  • Desarrollo del esqueleto y maduración de órganos formados en el primer trimestre.

Si la vaca atraviesa un déficit nutricional en este momento, el feto priorizará órganos vitales (como el cerebro o el corazón) en detrimento del desarrollo muscular. Como resultado, el ternero podría tener menos fibras musculares y menor capacidad de engorde en el futuro. Además, la programación del tejido adiposo también se ve afectada. Se ha comprobado que los genes involucrados en la deposición de grasa intramuscular, como PPARγ, C/EBPα y SCD1, tienen una expresión más intensa en esta etapa.

 

Tercer trimestre: crecimiento acelerado y reservas energéticas

Durante los últimos 90 días de gestación, el feto aumenta notablemente su tamaño, ganando hasta el 70% de su peso al nacimiento. En esta etapa se produce:

  • Hipertrofia muscular (crecimiento del tamaño de las fibras ya formadas)
  • Mayor acumulación de grasa, especialmente subcutánea e intramuscular
  • Rápida maduración de órganos como el pulmón y el sistema digestivo

Aunque el número de fibras musculares ya no aumenta, su capacidad de crecimiento continúa dependiendo de la nutrición materna. También es en esta etapa donde la reserva energética fetal se define: animales nacidos de madres subalimentadas suelen tener menor reserva de glucógeno y una adaptación metabólica que puede afectar su supervivencia en el período neonatal.

Además, hay evidencia (Costa et al., 2021) de que los terneros pueden presentar alteraciones en la expresión génica en el músculo esquelético, incluso sin diferencias visibles al nacer. Estos cambios afectan el metabolismo energético y podrían traducirse en una eficiencia menor a la hora de convertir alimento en carne.

 

La salud también se programa

La programación fetal también influye en el sistema inmune: un ambiente uterino con deficiencias puede afectar el desarrollo del timo, el bazo y la producción de células inmunes. Terneros nacidos de vacas con bajo plano nutricional durante la gestación pueden mostrar:

  • Menor resistencia a enfermedades
  • Peor respuesta vacunal
  • Mayor susceptibilidad a sufrir diarreas y enfermedades respiratorias

 

Fertilidad futura

Uno de los aspectos menos visible pero más relevantes de la programación fetal es su efecto en la fertilidad de las hijas. El desarrollo del ovario ocurre principalmente en el primer y segundo trimestre, y la restricción nutricional en estas etapas puede:

  • Reducir el número de folículos primordiales
  • Alterar la sensibilidad a hormonas reproductivas
  • Cambiar la edad a la pubertad

Esto significa que una vaquillona nacida de una madre mal alimentada en gestación podría tener menor fertilidad, menor tasa de concepción y menor longevidad productiva.

 

Impacto económico: ¿vale la pena invertir en la madre?

Diversos estudios (Larson et al., 2009; Mulliniks et al., 2012) hallaron que terneros nacidos de madres bien alimentadas durante la gestación:

  • Tienen mejor ganancia diaria post destete
  • Llegan antes a peso de faena
  • Presentan mayor rendimiento de carcasa
  • Muestran mejor calidad de carne (marmoleo)

En sistemas comerciales, esto puede representar entre 20 y 50 kg más por animal al momento de la venta, y mejores bonificaciones por calidad. Además, el efecto en la fertilidad de las hijas puede mejorar la tasa de preñez entre 5 y 10 puntos porcentuales, reduciendo costos de reposición. Es por ello que recomendamos monitorear la condición corporal de las vacas durante todo el año, y no solo en el último momento de la gestación, así como también suplementar con energía, proteína y/o minerales en los momentos que se considere adecuado.

Conclusiones


La programación fetal nos muestra que el futuro productivo de un animal no comienza en el destete, ni siquiera al nacer: comienza en el útero. Lo que ocurra en los 280 días de gestación tiene un efecto duradero sobre la calidad de carne, la eficiencia alimenticia, la salud y la fertilidad.

Este conocimiento nos obliga a repensar el manejo de las vacas, evitando pérdidas de condición corporal, suplementando de manera estratégica en los momentos necesarios y promoviendo un ambiente seguro sin estrés térmico ni social para los animales.

El útero es el primer ambiente que conoce un ternero. Y lo que allí ocurra puede ser la diferencia entre un animal más eficiente, sano y fértil o uno que arrastra limitaciones silenciosas toda su vida.

Las vitaminas en tiempo suplementario: El papel de la nutrición vitamínica en la longevidad productiva de la ponedora moderna.

En cada copa del mundo hay jugadores que se llevan las portadas. Son los goleadores, los que hacen la jugada decisiva o levantan la copa. Pero quienes siguen el fútbol de cerca saben que ningún equipo llega lejos apoyándose únicamente en sus figuras. Detrás de cada campeón existe un grupo de jugadores que, aunque reciben menos atención, resultan indispensables para sostener el rendimiento durante todo el torneo.

Las vitaminas podrían compararse con esos integrantes silenciosos del equipo. Forman parte de los programas nutricionales desde hace décadas, rara vez ocupan el centro de las discusiones técnicas y ya no son consideradas una innovación. Sin embargo, continúan participando en procesos biológicos esenciales para el desarrollo óptimo, la productividad sostenida, la calidad del huevo y la inmunidad de las aves.

Su importancia se vuelve aún más evidente en la actualidad. El sector de postura atraviesa una transformación y las ponedoras modernas tienen el potencial de producir en ciclos únicos extendidos que superan las 100 semanas y se acercan a los 500 huevos por ave alojada. En este contexto, las vitaminas ya no solo acompañan el desempeño productivo, sino que contribuyen a sostenerlo.

Una nueva realidad para las vitaminas

Durante años, las vitaminas fueron asociadas principalmente con la prevención de enfermedades carenciales y el adecuado desarrollo de las aves. Sin embargo, los desafíos actuales obligan a ampliar esa mirada.

Hace apenas dos décadas, alcanzar las 80 semanas de producción era considerado un objetivo ambicioso. Hoy, los programas de larga vida productiva apuntan a superar las 100 semanas y aproximarse a los 500 huevos por ave alojada. Las principales compañías de genética coinciden en que el éxito de estos programas dependerá de la capacidad de mantener la persistencia de postura, la calidad de la cáscara, la salud ósea y la viabilidad de las aves durante ciclos cada vez más extensos.

En otras palabras, el objetivo no consiste solamente en alcanzar un buen pico de producción, sino en sostener el rendimiento durante más tiempo.

Esta realidad vuelve a poner en primer plano a nutrientes que participan activamente en procesos relacionados con el metabolismo energético, la respuesta antioxidante, la función hepática, la absorción de minerales y la integridad de los tejidos. Entre ellos, las vitaminas ocupan un lugar destacado.

¿Por qué las vitaminas cobran una nueva relevancia?

La producción sostenida de huevos representa uno de los procesos biológicos más exigentes de la producción animal. Cada huevo requiere energía, proteínas, minerales y una compleja coordinación metabólica que debe repetirse prácticamente todos los días durante más de cien semanas.

A medida que el ciclo productivo avanza, aparecen desafíos bien conocidos por productores y nutricionistas: deterioro progresivo de la calidad de la cáscara, disminución de la calidad interna del huevo, alteraciones metabólicas, mayor presión sobre el hígado y una creciente exposición al estrés oxidativo.

Muchos de estos procesos están directamente relacionados con funciones en las que las vitaminas desempeñan un papel central.

La vitamina D participa en el metabolismo del calcio y fósforo, contribuyendo a la calidad de la cáscara y a la salud esquelética. La vitamina E interviene en los mecanismos de defensa antioxidante, ayudando a proteger tejidos y órganos frente al daño oxidativo. Las vitaminas del complejo B participan activamente en el metabolismo energético y en múltiples reacciones indispensables para sostener la productividad.

Si los programas productivos actuales buscan prolongar la vida útil de las aves, resulta lógico que estos nutrientes vuelvan a ocupar un lugar relevante dentro de la estrategia nutricional.

Pero existe además otro aspecto que suele recibir menos atención. Investigaciones recientes sugieren que el envejecimiento de las aves podría modificar la forma en que el organismo utiliza determinados nutrientes. Gan y colaboradores (2020) observaron que ponedoras de edad avanzada presentaban una menor expresión de genes relacionados con la síntesis, activación y transporte de algunas vitaminas, junto con una mayor susceptibilidad al estrés oxidativo.

Estos hallazgos aportan una perspectiva particularmente interesante para los programas Long Life Layer. A medida que las aves envejecen, no solo aumenta la demanda fisiológica asociada a la producción sostenida, sino que también podrían producirse cambios en la capacidad del organismo para gestionar determinados nutrientes. Más allá de las mayores exigencias productivas, la propia biología de la gallina cambia con la edad, y comprender esta realidad será clave para diseñar programas nutricionales adaptados a las ponedoras modernas.

Lo que nos muestra la ciencia

La renovada atención sobre las vitaminas no responde únicamente a una interpretación teórica. Durante los últimos años, diversos grupos de investigación han generado evidencia que respalda su importancia en ponedoras sometidas a ciclos productivos prolongados.

Un trabajo publicado en 2024 por investigadores de la Chinese Academy of Agricultural Sciences, en colaboración con científicos de Adisseo®, evaluó el efecto de diferentes niveles de suplementación de vitamina E en ponedoras de edad avanzada. Los autores observaron mejoras en indicadores relacionados con el estado antioxidante, la salud hepática y el desempeño productivo. Los resultados refuerzan la idea de que mantener una adecuada protección frente al estrés oxidativo puede ser especialmente importante cuando las aves deben sostener altos niveles de producción durante períodos prolongados.

También en 2024, investigadores de la Zhejiang A&F University estudiaron el efecto de la vitamina E sobre el metabolismo ovárico de ponedoras de edad avanzada. Particularmente interesante resulta la evidencia que vincula la suplementación con vitamina E con mejoras en el desarrollo folicular, la actividad hormonal y la persistencia de postura, aspectos estrechamente relacionados con el desafío de sostener la productividad en aves de edad avanzada.

Por su parte, investigadores de la Beijing University of Agriculture observaron que la suplementación con 25-hidroxicolecalciferol, un metabolito de la vitamina D, mejoró parámetros relacionados con la calidad del huevo, la salud ósea y el desempeño productivo en ponedoras de fase tardía. Los hallazgos refuerzan la importancia de esta vitamina en una etapa donde mantener la calidad de la cáscara representa uno de los principales desafíos productivos.

Aunque se trata de trabajos con objetivos específicos, todos apuntan en una misma dirección: las vitaminas continúan desempeñando funciones críticas en aquellos procesos que determinan el éxito de los ciclos productivos más extensos.

La importancia de la calidad detrás de la etiqueta

Si las vitaminas están llamadas a desempeñar un papel cada vez más relevante en la productividad de las ponedoras modernas, surge una pregunta inevitable: ¿todas las fuentes vitamínicas son iguales?

La respuesta es no.

Aspectos como las buenas prácticas de producción, la seguridad de las materias primas, la estabilidad durante el almacenamiento y una adecuada fluidez durante el proceso de mezclado influyen significativamente sobre la cantidad de vitamina que finalmente consume el ave.

En sistemas orientados a superar las 100 semanas de producción, donde pequeñas diferencias pueden impactar sobre la productividad y la inmunidad de las aves, la confiabilidad del programa vitamínico adquiere una importancia estratégica.

Por ello, además de definir niveles adecuados de suplementación, resulta fundamental trabajar con fuentes respaldadas por procesos de fabricación consistentes y sistemas de control que garanticen la concentración, estabilidad y calidad declaradas.

Reflexión final

Las vitaminas llevan décadas acompañando a la producción avícola. Lo que cambió no fueron ellas, sino el desafío que enfrentan las aves.

Hoy las ponedoras modernas son capaces de producir durante más tiempo, obligando a nutricionistas, veterinarios y productores a replantear muchas de las herramientas que históricamente fueron exitosas.

En este escenario, las vitaminas continúan desempeñando funciones esenciales dentro de los programas nutricionales. La diferencia es que hoy su aporte se analiza en el contexto de aves que deben sostener altos niveles de productividad durante períodos mucho más prolongados.


Quizás ya no ocupen las portadas. Sin embargo, cuando el cronómetro supera las 100 semanas y el sistema entra en tiempo suplementario, las vitaminas siguen siendo parte del equipo que permite sostener la productividad, la calidad del huevo y la salud de las aves hasta el silbato final.


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Alimentar poblaciones con alta variabilidad: el desafío de las cerdas lactantes de alta productividad

El manejo nutricional de la cerda reproductora ha experimentado una transformación profunda en la última década. El progreso del mejoramiento genético ha dado lugar a hembras altamente prolíficas, capaces de producir camadas numerosas, pero con demandas metabólicas y desafíos fisiológicos sin precedentes. En este contexto, la lactancia se presenta como el período más exigente del ciclo productivo, donde la cerda debe equilibrar ingentes producciones de leche con su propio mantenimiento y, en el caso de las jóvenes, con su crecimiento continuo.

El mito de la “dieta promedio”:

Históricamente, las granjas porcinas han operado bajo el esquema de suministrar una dieta única de composición estática durante toda la lactancia. Sin embargo, los requerimientos de nutrientes y energía son extremadamente dinámicos. El problema fundamental de este enfoque es que ignora la enorme variabilidad individual. Se estima que, debido a las diferencias en los patrones de consumo, aproximadamente el 20 % de las cerdas en una sala de maternidad no alcanzan a cubrir su demanda teórica de lisina. Esta ineficiencia pocas veces afecta el crecimiento de la camada, pero si compromete la longevidad de la cerda y su desempeño en ciclos posteriores.

 

Dinámica de consumo por paridad

Uno de los hallazgos más determinantes de las investigaciones sobre el tema es que la capacidad de consumo está intrínsecamente ligada al número de parto o paridad. Los datos recolectados mediante sistemas de alimentación electrónica en granjas comerciales revelan un patrón creciente de consumo diario de ración desde el primer parto (P1) hasta el cuarto (P4), con fluctuaciones menores en paridades más avanzadas.

Como se observa en la siguiente tabla, la variabilidad no es uniforme entre las categorías:

 

Consumo diario de ración (CDR) de acuerdo a la paridad

Las cerdas de primer parto (P1) no solo tienen el consumo medio más bajo (5,41 kg/día), sino que presentan el mayor Coeficiente de Variación (16,5 %). Esto indica que las primíparas son el grupo más impredecible y, por ende, el que requiere mayor atención individualizada para evitar balances energéticos negativos severos.

 

El factor crítico: peso de ingreso

Un hallazgo bien documentado es la relación inversa entre el peso de ingreso al parto y el consumo en las primíparas. Tradicionalmente se pensaba que una cerda pesada tendría mejores reservas para la lactancia; sin embargo, los datos sugieren que cerdas excesivamente pesadas o con altos niveles de grasa ven deprimido su apetito. Esto se explica fisiológicamente por la acción de la leptina, una hormona sintetizada en el tejido adiposo que actúa a nivel hipotalámico como supresora del consumo.

Un modelo desarrollado actualmente en hembras de alta productividad, alta velocidad de crecimiento y tejido magro permite inferir que un peso “neto” de 180 a 200 kg al parto es el óptimo para las primíparas en sistemas de alta productividad. Este rango permite un equilibrio metabólico que minimiza la movilización excesiva de tejidos. Pesos por encima de este umbral a menudo resultan en un consumo voluntario menor, obligando a la cerda a movilizar sus propias reservas grasas y proteicas para sostener la producción láctea.

El uso de otras herramientas disponibles en el mercado puede ayudarnos a gestionar la condición corporal de la hembra al parto. En la siguiente tabla, se observa el consumo diario de ración y la perdida de grasa y peso corporal de acuerdo a las unidades cáliper de las cerdas en su ingreso al parto:

¿Déficit de energía o de aminoácidos?

Al evaluar la dieta de las cerdas, los nutricionistas suelen enfocarse en la lisina por ser el primer aminoácido limitante. No obstante, estudios recientes observaron una realidad distinta: mientras que el consumo de lisina digestible superó los requerimientos teóricos en casi todas las paridades (sin enfocarse en la variabilidad) se detectó un marcado déficit de energía metabolizable (EM), especialmente en el 45 % de las cerdas P1.

Este déficit energético es el principal motor de la pérdida de peso corporal en las primerizas. Mientras que las cerdas adultas (P3+) suelen ganar peso durante la lactancia en sistemas altamente tecnificados con consumo ad libitum, las jóvenes pierden peso de manera casi sistemática. Esto sugiere que la composición de las dietas para primerizas debería quizás enfocarse más en la densidad energética para compensar su limitada capacidad gástrica. Todas las variables que contribuyan a aumentar el consumo de energía en esta categoría deben ser contemplados: ambiente, agua, stress, sistemas de racionamiento, etc.

 

El impacto de la camada en la movilización materna

La variabilidad individual también está fuertemente influenciada por la demanda de los lechones. Un ensayo reciente, en condiciones de alta productividad, determinó que, independientemente de la paridad, por cada lechón adicional destetado, el peso de salida de la cerda se reduce en promedio 2,3 kg. Este dato subraya que la movilización de tejidos es un mecanismo compensatorio directo: la cerda prioriza biológicamente el crecimiento de su camada a costa de su propia masa corporal.

 

Conclusiones y aplicaciones generales:

Las investigaciones actuales confirman que tratar a la sala de maternidad como un bloque homogéneo es una estrategia obsoleta que genera ineficiencias biológicas y económicas. Las principales recomendaciones derivadas de este análisis técnico son:

  1. Control estricto de la desarrollo y gestación: El racionamiento en etapas previas es vital para evitar que las primerizas lleguen con sobrepeso a la maternidad, lo que deprimiría su consumo. El uso de balanzas, ultrasonido y/o cáliper es preferible al ojo humano para clasificar la condición corporal óptima.
  2. Individualización de la dieta: Dado que las primíparas presentan la mayor variabilidad y el mayor riesgo de déficit energético, se deben implementar curvas de alimentación específicas que consideren su menor capacidad gástrica y su necesidad de crecimiento. Esto es particularmente importante en granjas que se encuentran en períodos de crecimiento de su plantel reproductor, con alto % de hembras jóvenes.
  3. Adopción de tecnología: Los sistemas de alimentación electrónica no solo permiten suministrar la ración de forma precisa, sino que actúan como sensores de salud; una caída en el consumo individual detectada en tiempo real permite intervenciones preventivas antes de que la cerda entre en un catabolismo profundo.
  4. Perfil nutricional: En sistemas de alta productividad, el desafío nutricional inmediato no son solo los aminoácidos, sino cubrir el bache energético de las hembras jóvenes que amamantan camadas numerosas. Aunque no mencionado, es cada vez más relevante cubrir el perfil completo de nutrientes, contemplando incluso algunos que son condicionalmente esenciales en ciertas circunstancias.

En definitiva, el éxito de la lactancia moderna reside en la capacidad del sistema para gestionar la variabilidad. Comprender que cada cerda tiene un perfil metabólico único, dictado por su peso, su edad y su camada, es el primer paso hacia una producción porcina más eficiente y sostenible.

Bibliografía consultada:

 

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Nota: Esta lista es una selección de las fuentes más relevantes.

Bioter y Adisseo lanzan su alianza estratégica para impulsar la nutrición de precisión en la lechería argentina.

Villa María-Córdoba, 2 de junio de 2026 – En el marco de una jornada técnica convocada para productores, asesores y referentes del sector, Bioter S.A. y Adisseo oficializaron su alianza estratégica para la incorporación de metionina protegida como herramienta clave en los programas de nutrición de precisión en rumiantes. El encuentro se desarrolló el 2 de junio en el Amérian Villa María Park Hotel, con una agenda que combinó presentaciones técnicas, casos prácticos y un cierre de networking.

La jornada contó con la participación de tres especialistas de referencia internacional: MV Álvaro Echenique, Director Comercial de Bioter S.A.; el Zootecnista Luiz Vinicius Proeça, Gerente Técnico de Adisseo América do Sul; y el Dr. Jorge Carneiro, Fundador de Dairy Inside Consultoría, quien presentó un caso práctico sobre el camino hacia sistemas lecheros más eficientes.

De la proteína bruta al balance de aminoácidos

El eje conceptual de la jornada fue el cambio de paradigma en la formulación nutricional: la transición de modelos basados en proteína bruta hacia esquemas de balance por aminoácidos, donde la metionina ocupa un rol determinante como primer aminoácido limitante en vacas lecheras. En este marco, se enfatizó que la metionina protegida no debe considerarse un aditivo, sino un nutriente esencial cuya inclusión correcta permite:

  • Expresar el máximo potencial genético de los animales
  • Mejorar la salud, la reproducción y la longevidad del rodeo
  • Optimizar la eficiencia de conversión nutricional

Resultados concretos: datos que respaldan la decisión

Se presentaron resultados obtenidos con tecnologías como Smartamine® M y MetaSmart®, que evidenciaron mejoras consistentes en sistemas lecheros:

  • Incrementos de producción del orden de +1 a +1,5 litros/vaca/día
  • Aumentos de +0,10 a +0,15 puntos en proteína láctea

También se abordó el impacto en variables sanitarias y reproductivas, especialmente durante el período de transición, donde el correcto balance aminoácido contribuye a reducir la incidencia de trastornos metabólicos y mejorar los indicadores de fertilidad.

“La alianza con Adisseo nos permite ofrecer al productor lechero argentino algo que antes no existía: tecnología de clase mundial integrada a un programa nutricional adaptado a la realidad local. No vendemos un producto; construimos una solución.
MV Álvaro Echenique, Director Comercial – Bioter S.A.

Sustentabilidad: eficiencia ambiental como argumento productivo

Otro de los ejes destacados fue la eficiencia ambiental: la optimización del perfil de aminoácidos permite reducir la excreción de nitrógeno y la huella de carbono por litro de leche producido, alineando la producción con criterios de sustentabilidad sin resignar rentabilidad.

Bioter como socio técnico del productor

En este contexto, Bioter posiciona su propuesta diferencial no solo en la provisión de insumos, sino en la integración de tecnologías dentro de programas nutricionales personalizados, apoyados en herramientas como AMTS, análisis de forrajes y monitoreo productivo, consolidándose como socio técnico del productor.

La alianza con Adisseo™ permite combinar tecnología global con conocimiento local, facilitando la adopción de soluciones de alto impacto en los sistemas lecheros argentinos y acompañando la transición hacia modelos productivos más eficientes, rentables y sustentables.

Estrategias para el Invierno: Sales de Autoconsumo con Urea en Sistemas de Cría

En nuestros sistemas ganaderos, es muy común que las vacas de cría se encuentren sobre pastizales naturales los cuales, durante el período invernal, presentan una muy baja digestibilidad y un escaso valor nutritivo. A medida que los pastos maduran, su contenido de proteína disminuye y cuando cae por debajo del umbral crítico del 7%, se ve comprometida la actividad de la microbiota ruminal, reduciendo drásticamente la digestibilidad de la fibra, el consumo de materia seca y, en consecuencia, el desempeño productivo del animal.

Si bien no podemos mejorar la calidad del pasto una vez maduro, sí contamos con herramientas para poder mejorar su aprovechamiento; entre ellas, las sales de autoconsumo con urea constituyen una forma práctica de incrementar la digestibilidad de la materia seca.

 

Microbiota ruminal

Los rumiantes dependen de su microbiota ruminal para degradar la celulosa de los forrajes y obtener energía. Estos microorganismos no sólo digieren el forraje, sino que también son una fuente de proteína de alto valor biológico (llamada proteína microbiana) y vitaminas del complejo B y, además, ayudan a inactivar metabolitos no deseados como micotoxinas o factores antinutricionales presentes en algunos alimentos.

La velocidad de la digestión del forraje depende, en gran medida, de la cantidad y el tipo de microorganismos presentes en el rumen en un momento dado. Una población microbiana numerosa y saludable acelera el tránsito del alimento por el rumen, favorece la degradación del forraje y permite un mayor consumo voluntario. Para sostener esa población es necesario un suministro adecuado de energía y nitrógeno.

Cuando se logra ese equilibrio, los resultados son claros:

  • Mayor aporte energético, por una digestión más eficiente de la fibra.
  • Mayor disponibilidad de proteína, gracias al aumento de proteína microbiana que llega al intestino delgado.

 

Uso de urea para mejorar la digestibilidad

En situaciones donde el forraje disponible es abundante pero de baja calidad, como ocurre frecuentemente en invierno, la prioridad en la suplementación debe ser cubrir los requerimientos de proteína degradable en el rumen (PDR). La urea cumple este rol aportando el amoníaco necesario para la síntesis de proteína microbiana.

El uso de sales proteicas de autoconsumo con urea asegura un suministro sostenido de nitrógeno al rumen, estimulando la actividad microbiana y mejorando así la digestibilidad del forraje. Esto se traduce en un mayor consumo de materia seca y una conversión más eficiente de forraje en carne.

Debe tenerse en cuenta que la rápida degradación de la urea en el ambiente ruminal puede provocar una liberación excesiva de amoníaco, superando la capacidad de los microorganismos de utilizarlo eficientemente y aumentando el riesgo de toxicidad. Para evitar esta situación, se han desarrollado formulaciones de urea de liberación lenta, que permiten una mejor sincronización entre la disponibilidad de nitrógeno y la energía fermentable en el rumen. Este tipo de productos mejora la eficiencia de utilización del nitrógeno y reduce significativamente los riesgos.

 

Consideraciones prácticas para el uso de las sales

Una de las ventajas más destacadas de las sales proteicas es su formato de autoconsumo, que permite una administración práctica y adaptada a sistemas extensivos. Esta modalidad evita la necesidad de suplementación diaria, disminuyendo los requerimientos de infraestructura y mano de obra.

En zonas donde los animales tienen alta aceptación por la sal, se recomienda realizar una adaptación previa, suministrando sólo sal común durante al menos una semana. Si se observa una ingesta excesiva (más de 200 g/cabeza/día), conviene extender este período hasta que el consumo se estabilice. Esta medida ayuda a prevenir sobreconsumos iniciales y permite una transición segura al suplemento con urea.

 

 

Conclusión

Cuando el ganado consume forrajes de baja calidad, el nitrógeno de la dieta suele ser insuficiente para una función microbiana óptima. El agregado de urea además de mejorar el aporte de proteína microbiana que llega al intestino delgado, mejora la digestibilidad de la fibra, por lo tanto, aumenta también el aporte de energía. La suplementación con sales con urea tiene como objetivo complementar el valor nutricional del forraje disponible y mejorar su aprovechamiento. A su vez, la forma de suministro como autoconsumo permite que sea práctico sin necesidad de suplementar a los animales todos los días.

El balance energético negativo en la cerda lactante: causas, consecuencias y desafíos

La mejora genética y los avances tecnológicos en producción porcina han permitido alcanzar niveles de prolificidad y producción de leche sin precedentes en las últimas décadas. Las cerdas modernas pueden destetar camadas de 14 a 16 lechones con pesos superiores a 6-7 kg por lechón, lo que representa hasta 20 litros/cerda/día de producción láctea.  Sin embargo, estos avances han generado nuevos desafíos metabólicos que comprometen la eficiencia reproductiva del plantel. El balance energético negativo (BEN) durante la lactancia se ha consolidado como uno de los factores centrales que afectan la fertilidad, la longevidad productiva y la rentabilidad de las explotaciones porcinas. Comprender los mecanismos que lo desencadenan, sus consecuencias reproductivas y las estrategias para minimizarlo es fundamental para mantener la competitividad en sistemas de alta producción.

¿Qué es el balance energético negativo?

El balance energético negativo es un estado metabólico en el cual las demandas totales de energía y nutrientes de la cerda lactante superan la ingesta real que obtiene a través del alimento. Esta situación obliga al organismo a recurrir a las reservas corporales almacenadas para sostener las funciones vitales y la producción de leche.

El BEN se manifiesta clínicamente como una pérdida progresiva de peso corporal, una reducción del espesor de grasa dorsal medido por ultrasonografía y, en casos severos, una movilización significativa de masa muscular. Cuando la pérdida de peso corporal supera el 10-12% del peso registrado al parto, el BEN se considera crítico y sus efectos sobre la fertilidad y el desempeño reproductivo posterior se tornan especialmente graves.

Este fenómeno es prácticamente inevitable en sistemas modernos de alta producción debido a la magnitud de las demandas energéticas de la lactancia, sobre todo en hembras de primera parición.

Estudios recientes nos muestran las diferentes dinámicas que ocurren, dependientes principalmente del orden de parición.

Principales causas del balance energético negativo en lactancia

El balance energético negativo durante la lactancia surge de múltiples factores interrelacionados que afectan la capacidad metabólica de la cerda. A continuación, se presentan las causas principales que explican este fenómeno:

  • Alta demanda energética de la producción láctea: La lactancia representa el proceso fisiológico de mayor exigencia energética en la vida productiva de la cerda, alcanzando su pico máximo entre la tercera y cuarta semana de lactancia.
  • Limitación en la capacidad de ingestión: El consumo voluntario de alimento resulta insuficiente para cubrir las necesidades energéticas, enfrentando además un límite físico de ingestión impuesto por la capacidad del tracto digestivo.
  • Impacto de la selección genética: La selección genética ha generado cerdas hiperprolíficas cada vez más magras, con menores reservas corporales de grasa y un apetito voluntario reducido en comparación con genotipos menos seleccionados.
  • Mayor susceptibilidad en cerdas primíparas: Las cerdas primíparas presentan una mayor susceptibilidad al BEN porque no han completado su desarrollo corporal, por lo que los nutrientes deben distribuirse simultáneamente entre la producción de leche, el mantenimiento de funciones vitales y su propio crecimiento estructural, creando una competencia metabólica particularmente intensa.

Estos factores operan de manera simultánea y sinérgica, intensificando el desequilibrio metabólico que caracteriza al balance energético negativo en cerdas lactantes modernas.

Mecanismo de compensación: movilización de reservas corporales

Cuando la ingesta alimentaria no logra cubrir las demandas energéticas y proteicas de la lactancia, el organismo de la cerda activa mecanismos de compensación metabólica mediante la movilización de lípidos y proteínas corporales almacenadas. Este proceso permite sostener la producción de leche y las funciones vitales a expensas de las reservas tisulares acumuladas durante la gestación y el período previo al parto. La movilización de tejido adiposo libera ácidos grasos que se utilizan como fuente energética alternativa a la glucosa, mientras que la movilización de proteínas musculares proporciona aminoácidos para la síntesis de proteínas lácteas y el mantenimiento de funciones metabólicas esenciales. Como se mencionó previamente, se considera que el BEN alcanza un nivel crítico cuando la pérdida de peso corporal supera el 10-12% del peso registrado al momento del parto, punto a partir del cual los efectos negativos sobre la fertilidad y el desempeño reproductivo posterior se intensifican significativamente.

Sin embargo, observaciones recientes, sobre todo en primíparas, muestran efectos negativos con movilizaciones corporales por debajo del 10 %.

Consecuencias reproductivas del balance energético negativo

El deterioro de la calidad ovárica y de los óvulos representa una de las consecuencias más graves del BEN. Las cerdas que experimentan un balance energético negativo severo desarrollan folículos de menor tamaño al momento del destete, presentan menores concentraciones circulantes de IGF-1 (factor de crecimiento insulínico tipo 1) y esteroides reproductivos, producen ovocitos con maduración nuclear y citoplasmática incompleta, y muestran una mayor incidencia de polispermia durante la fertilización.

El retraso en el retorno al celo es otra manifestación frecuente, ya que el BEN prolonga el intervalo destete-celo debido a la inhibición de la pulsatilidad de la hormona luteinizante (LH), hormona crucial para la maduración folicular y la ovulación.

El impacto en la camada siguiente incluye una reducción en el tamaño de camada conocida como ‘drop de segunda camada’, un peor desarrollo embrionario durante las primeras semanas de gestación, camadas menos uniformes con mayor variabilidad de peso al nacimiento, y una disminución en la tasa de concepción. Es importante destacar que el tipo de reserva movilizada condiciona la magnitud del impacto reproductivo: la movilización excesiva de masa magra (proteína muscular) tiene un efecto más perjudicial sobre la fertilidad que la pérdida equivalente de tejido adiposo.

Implicancias prácticas y estrategias de manejo

Minimizar el balance energético negativo durante la lactancia constituye uno de los objetivos centrales de la gestión reproductiva en sistemas porcinos modernos.

Las principales líneas de acción incluyen:

Conclusiones

El balance energético negativo durante la lactancia es una consecuencia casi inevitable de los sistemas modernos de alta producción porcina, donde cerdas genéticamente superiores enfrentan demandas metabólicas extremas para sostener camadas numerosas y productivas. Sin embargo, la magnitud y duración del BEN pueden y deben ser gestionadas mediante estrategias nutricionales, ambientales y de manejo reproductivo basadas en evidencia científica. Comprender los mecanismos fisiológicos que desencadenan el BEN y sus efectos sobre la calidad ovárica, el retorno al celo y el desempeño reproductivo posterior permite diseñar intervenciones efectivas para proteger la fertilidad, la longevidad productiva y la rentabilidad del plantel. La clave del éxito no radica en eliminar completamente el BEN, sino en mantenerlo dentro de límites fisiológicos compatibles con una alta eficiencia reproductiva y productiva a largo plazo. Esta gestión integrada representa un desafío técnico permanente que requiere formación continua, monitoreo sistemático y capacidad de adaptación a las características específicas de cada sistema productivo.

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