El rol de las vitaminas en la eficiencia del engorde a corral

En los sistemas de engorde a corral, la formulación de dietas suele enfocarse principalmente en nutrientes como la energía, la proteína y los minerales, debido a su impacto directo sobre el crecimiento y la eficiencia de conversión. Sin embargo, existen otros nutrientes que, aunque se requieren en cantidades muy pequeñas, cumplen funciones fundamentales y pueden influir de manera significativa en la salud de los animales, el desempeño productivo y la calidad final de la carne.

Entre ellos, las vitaminas A y E ocupan un lugar central. Ambas cumplen funciones clave en el metabolismo, la inmunidad y el mantenimiento de los tejidos, y, a diferencia de otras vitaminas, ni el rumen ni el animal pueden sintetizarlas, por lo que deben ser aportadas por la dieta.

En sistemas pastoriles esto rara vez representa un problema, ya que los forrajes verdes contienen cantidades abundantes de sus precursores. Sin embargo, la situación cambia en los sistemas de feedlot, donde las dietas suelen estar basadas en granos y conservados, con escaso aporte natural de vitaminas.

Comprender cómo funcionan estas vitaminas, qué ocurre cuando faltan y cuáles son los riesgos en sistemas intensivos es fundamental para prevenir problemas sanitarios y pérdidas productivas.

 

Vitaminas en bovinos

Las bacterias ruminales producen vitaminas del complejo B y vitamina K, generalmente en cantidades suficientes para cubrir los requerimientos del ganado bovino. Por esta razón, en animales con un rumen sano no suele ser necesario suplementarlas. Los bovinos también poseen la capacidad de sintetizar vitamina C en sus propios tejidos, por lo que tampoco existe un requerimiento dietético conocido para esta vitamina.

La situación es diferente para las vitaminas liposolubles, especialmente vitamina A y vitamina E que dependen completamente del aporte dietario. En sistemas basados en pasturas, este aporte suele estar garantizado. Pero cuando los animales consumen dietas basadas en granos, henos o silajes durante largos períodos, el suministro de estas vitaminas puede disminuir considerablemente.

 

Vitamina A: funciones clave en el organismo

La vitamina A es un nutriente esencial para múltiples procesos fisiológicos en los bovinos. Entre sus funciones principales se encuentran: proliferación y diferenciación celular de tejidos esenciales; normal crecimiento y desarrollo de los terneros; funcionamiento del sistema inmunitario; desarrollo reproductivo y mantenimiento de la visión.

Los bovinos obtienen la vitamina A principalmente a partir de precursores presentes en el forraje verde. Cuando el aporte es adecuado, el organismo puede acumular reservas significativas, lo que les permite atravesar períodos con baja ingesta sin comprometer de inmediato su estado nutricional. Sin embargo, estas reservas no son ilimitadas y si los animales pasan largos períodos sin suplementación terminan por agotarse (Mattioli et al., 2019).

El problema principal en los sistemas de engorde intensivo es que los ingredientes típicos de feedlot, como el silaje de maíz y los granos de cereales, contienen muy poco caroteno

La deficiencia de vitamina A, conocida como hipovitaminosis A, suele aparecer cuando se combinan varios factores:

  • Dietas muy pobres en caroteno (por ejemplo, grano + heno).
  • Engordes sin suplementación por más de 100 días.
  • Animales que ingresan al feedlot con reservas bajas.
  • Aportes de raciones sin premezclas vitamínicas.

En los casos de deficiencia, los primeros signos evidentes suelen ser trastornos visuales. Sin embargo, previamente los terneros pueden presentar una mayor susceptibilidad a infecciones y un menor crecimiento.

A pesar de su importancia, la hipovitaminosis A suele estar subdiagnosticada en los sistemas de engorde. Esto ocurre debido a que los signos clínicos tempranos son poco evidentes y el problema suele aparecer de forma progresiva. En muchos casos, cuando aparecen los síntomas visibles, el daño ya está avanzado.

En Japón, es común formular dietas para novillos Wagyu con niveles reducidos de vitamina A para estimular el marmoleo. Sin embargo, investigadores encontraron que los ejemplares con bajas concentraciones de vitamina A presentaban una disminución significativa en poblaciones clave de linfocitos, lo que debilita su respuesta defensiva, alterando la capacidad del animal para resistir infecciones comunes como la neumonía (Yano et al, 2008).

 

Vitamina E: defensa antioxidante y estabilidad celular

La vitamina E cumple un papel central como antioxidante. Su función principal es proteger a las células contra el daño oxidativo, por lo que está estrechamente relacionada con la función inmunitaria, la integridad de las membranas celulares y la estabilidad oxidativa de los tejidos.

Cuando los bovinos pasan de ingerir forrajes verdes a una dieta de feedlot, los niveles de vitamina E en sangre suelen descender rápidamente. Esto ocurre porque los granos contienen muy poca vitamina E y, a diferencia de la vitamina A, el organismo tiene capacidad más limitada para almacenarla. Al faltar esta vitamina, el sistema de defensa se debilita, especialmente frente al estrés oxidativo, que es un tipo de daño que ocurre dentro de las células. Si éste no se controla, el animal tiene más dificultades para combatir enfermedades y sus tejidos se deterioran fácilmente. En estas condiciones, aportar vitaminas y minerales con función antioxidante ayuda a fortalecer las defensas y mejorar la capacidad del animal para mantenerse sano.

 

Manejo nutricional y prevención

La mejor estrategia frente a las deficiencias vitamínicas es la prevención mediante una formulación adecuada de las dietas. En términos económicos las vitaminas representan una fracción mínima del costo de la dieta, pero su ausencia puede generar pérdidas importantes.

Las deficiencias subclínicas pueden traducirse en menor crecimiento y mayor incidencia de enfermedades, por lo tanto, en una menor eficiencia productiva. Es por ello, que, aunque se trate de nutrientes requeridos en cantidades muy pequeñas, su manejo adecuado es fundamental para un engorde exitoso.

El Rol Clave de las Sales de Autoconsumo: prevención de la Hipomagnesemia

La suplementación con sales de autoconsumo cumple un rol fundamental en la corrección de desbalances minerales en el ganado de pastoreo. A diferencia de los animales en confinamiento, donde los requerimientos minerales se satisfacen mediante la ración diaria, los animales a campo requieren métodos alternativos de suministro mineral. Es por ello que las sales de autoconsumo representan una estrategia práctica y efectiva para potenciar la productividad, disminuir la incidencia de enfermedades, optimizar la reproducción, suprimir la pica o malacia y evitar las enfermedades podales.

En nuestros sistemas pastoriles es habitual el uso de dos tipos de sales de autoconsumo:

  • Sales magnesiadas, enfocadas en la prevención de la hipomagnesemia
  • Sales proteicas, destinadas a mejorar la digestibilidad de forrajes de baja calidad

En esta sección, desarrollaremos el uso de sales magnesiadas como herramienta estratégica para prevenir la tetania hipomagnesémica, principal causa de mortandad de vacas de cría en la Cuenca del Salado (INTA Balcarce, 2024).

¿Qué es la Hipomagnesemia?

La hipomagnesemia es un desbalance mineral multifactorial que afecta principalmente a vacas adultas en estado de preñez o lactancia, en buena a excesiva condición corporal, y que son alimentadas con forrajes tiernos, principalmente verdeos. Su incidencia es más frecuente en otoño e invierno, aunque puede presentarse durante todo el año.

Factores que favorecen su aparición:

  • Pastos exuberantes y de rápido crecimiento.
  • Clima frío, húmedo y con baja radiación solar.
  • Consumo de heno o rastrojos pobres en magnesio.
  • Altos niveles de potasio y proteína de muy alta degradabilidad en la dieta.

Los rumiantes no poseen mecanismos eficientes para regular el magnesio, por lo que dependen directamente de la absorción diaria a nivel ruminal, la cual es limitada (<25% del magnesio ingerido) siendo más alta en terneros jóvenes. A su vez, existe factores que intervienen en la absorción de este mineral:

  • Negativos: Alta ingesta de potasio, exceso de proteínas degradables, pH ruminal elevado.
  • Positivos: Presencia de sodio, vitamina D y pH ruminal menor a 6,5.

Existen dos presentaciones de la carencia: subclínica y clínica aguda o tetania hipomagnesémica. Esta última suele presentarse de forma abrupta, caracterizada por muertes súbitas. Cuando se llegan a ver signos los animales presentan nerviosismo, agresividad, tambaleos y finalmente caída y muerte. El tratamiento tiene un éxito limitado debido a la rápida progresión de la enfermedad. En el caso de la presentación subclínica, las principales consecuencias son: menor digestibilidad de la celulosa, menor producción de leche y partos lánguidos.

Prevención de la Hipomagnesemia

La hipomagnesemia se puede prevenir mediante la administración oral diaria de sales con magnesio, ya que el animal requiere un aporte constante de este mineral.
Dado que el magnesio no se almacena eficientemente en el organismo, su disponibilidad en sangre depende del consumo diario y, por lo tanto, las aplicaciones inyectables de magnesio no son una estrategia preventiva adecuada.

El suplemento mineral debe ofrecerse continuamente, garantizando el consumo diario necesario para mantener niveles adecuados de magnesio en sangre. Es recomendable además que las mezclas de libre consumo aporten Ca y Na, que permanezcan secas y sueltas.

Condiciones como pastoreo de gramíneas o rastrojos, bajo aporte de sodio en suelos o agua, alta presencia de rebrotes en la pastura y animales que tienden a la gordura, refuerzan aún más la necesidad de suplementar adecuadamente, especialmente en otoño e invierno.

Disponibilidad y estrategia de uso de sales

Las sales deben estar disponibles durante todo el año, para que los animales se habitúen y sepan dónde encontrarlas.
Como estrategia para reducir costos, durante los períodos de bajo riesgo de hipomagnesemia, se puede suplementar únicamente con cloruro de sodio (sal común), reforzando así la “memoria” del lugar de consumo.

Por otro lado, cuando se van a ofrecer sales por primera vez, recomendamos iniciar la suplementación solo con cloruro de sodio, ya que es el componente que estimula la búsqueda y el consumo espontáneo en los bovinos.
El sodio no solo induce el consumo, sino que también autolimita la ingesta una vez que las necesidades del animal están cubiertas.

Esta estrategia inicial de ofrecer únicamente sal común tiene dos beneficios económicos importantes:

  • Verificación del consumo: si el agua de bebida es muy salada, los animales pueden perder el interés por consumir sales adicionales. Esta prueba permite confirmar que efectivamente consumirán el suplemento ofrecido.
  • Control de costos: en situaciones de alta deficiencia de sodio, el consumo inicial puede ser muy elevado. Por eso, es preferible que primero ingieran una sal más económica, y una vez estabilizado el consumo, incorporar las sales con otros componentes.

Toxicidad

Las sales de Mg por vía oral poseen un elevado margen de seguridad, siendo improbable la toxicidad.

Conclusión

La hipomagnesemia representa uno de los principales riesgos sanitarios en los sistemas de cría, especialmente durante períodos de crecimiento rápido de las pasturas y en vacas con altos requerimientos fisiológicos. Dado que los bovinos poseen una limitada capacidad de absorción y almacenamiento de este mineral, la prevención resulta mucho más efectiva a través de la suplementación oral diaria.

En este contexto, las sales magnesiadas de autoconsumo constituyen una herramienta simple, segura y de bajo costo para asegurar el suministro continuo de magnesio y reducir la ocurrencia de tetania hipomagnesémica.