¿Por qué es importante conocer la densidad de los silajes?

La densidad de los silajes es un dato clave para asegurar que su confección se haya realizado correctamente. Además, permite calcular el stock de alimento disponible y ajustar adecuadamente las raciones para el ganado.

 

Introducción

La conservación de los nutrientes de los cultivos depende de la fermentación, un proceso fundamental en la producción de ensilado. Para que este proceso se realice de manera efectiva, es necesario que ocurra en un entorno anaeróbico, es decir, sin oxígeno.

La cantidad de oxígeno presente en el silaje dependerá de varios factores, como el contenido de humedad, el tiempo de llenado del silo, el tipo de compactación y la longitud de corte del ensilado. Cabe destacar que, aunque se logre el mejor manejo en la confección, siempre quedará algo de oxígeno.

Durante la fase inicial de fermentación, las células del forraje absorben el oxígeno y lo convierten en dióxido de carbono mediante la respiración celular. También las bacterias aeróbicas presentes en el material consumen el oxígeno junto con los azúcares de las plantas, generando dióxido de carbono, agua y calor. Esta fase de respiración celular generalmente dura varias horas, aunque puede variar según las prácticas de ensilado.

Cuando no se logran altas densidades en el forraje conservado, la fase aeróbica se extiende más tiempo de lo deseado y el forraje continúa “respirando” y consumiendo una mayor cantidad de hidratos de carbono que luego no estarán disponibles como sustrato para la fermentación ni tampoco como energía para los animales.

 

Oxígeno: el enemigo de los silajes

Como mencionamos anteriormente, durante la fermentación, el oxígeno es consumido y los gases de fermentación llenan los poros del silo (pequeñas cavidades entre las partes sólida y líquida del material). En la fase de extracción, estos poros pueden permitir la infiltración de oxígeno hasta distancias de 4 metros, lo que favorece la reactivación de microorganismos aeróbicos que descomponen los carbohidratos disponibles y generan calor. A menor densidad, mayor será la porosidad del ensilaje y el ingreso de oxígeno al mismo. Esto resulta en la pérdida de volumen y de calidad del alimento, por lo tanto, una gran parte del esfuerzo realizado para producir altos rendimientos por hectárea se ve anulado si la densidad no es adecuada y se produce deterioro aeróbico.

El patrón general de dicho deterioro es:

  • cuando se introduce oxígeno comienzan a crecer los microorganismos aeróbicos
  • las levaduras son generalmente las iniciadoras del deterioro aeróbico, consumiendo azúcares y ácidos de fermentación y elevando la temperatura y el pH del silaje
  • con el aumento del pH, crecen bacilos y otras bacterias aeróbicas aumentando aún más la temperatura
  • finalmente, los mohos completan el deterioro del ensilado.

Se calcula que cuando el moho se hace visible las pérdidas de materia seca son mayores al 20 % y ya se produjeron cambios sustanciales en la calidad nutricional y el contenido de almidón comenzó a disminuir. A su vez, el desarrollo de hongos también puede predisponer a la presencia de micotoxinas. Como resultado tendremos una disminución drástica en la producción de leche o de carne.

 

¿Cómo medir la densidad?

Una forma precisa de medir la densidad de los silajes es a través de la toma de muestras con un cilindro acoplado a un taladro con el cual se perfora la pared del silo en distintas áreas, tratando de ser lo más representativo posible. Luego las muestras se pesan y, conociendo el volumen del instrumento con el que tomamos la muestras, podemos calcular la densidad calculando volumen (m3) sobre masa (kg).

¿Qué densidad debería buscarse?

Conclusión

Conocer la densidad de nuestros silajes nos permitirá asegurar que el producto fue confeccionado de manera correcta o tomar las precauciones debidas en caso de que no haya sido así. Aumentar la densidad del ensilado ofrece varias ventajas como:

– Reduce la cantidad de aire (oxígeno) en la masa de forraje.

– Mejora la fermentación y conservación de nutrientes.

– Minimiza las pérdidas del material.

– Permite almacenar más ensilado en el mismo espacio.

Programación fetal en bovinos: cómo la nutrición materna define el futuro productivo del ternero

¿Qué es la programación fetal?

La programación fetal es un concepto que ha cobrado protagonismo en los últimos años en la ganadería. Se refiere al impacto que tiene el ambiente uterino (especialmente la nutrición materna) sobre el desarrollo del feto y su posterior desempeño. En otras palabras: cómo alimentamos a la vaca durante la gestación influye no solo en su salud y fertilidad, sino también en el futuro del ternero en términos de crecimiento, inmunidad, fertilidad y/o calidad de carne.

Durante la gestación, cada tejido y órgano del ternero se forma en momentos específicos. Si durante esas ventanas de desarrollo la madre sufre una deficiencia de nutrientes, puede haber alteraciones permanentes que afectaran al animal durante toda su vida. Aún con un peso adecuado al nacer o un buen estado general, la falta de nutrientes durante la gestación deja “marcas” que más adelante pueden limitar su crecimiento, su salud o su rendimiento. Estas alteraciones, llamadas epigenéticas, cambian cómo se activan o silencian ciertos genes, y pueden incluso transmitirse a la siguiente generación.

 

La vaca no se alimenta solo para sí misma

Una vaca en producción puede estar en distintas situaciones:

  • Preñada
  • Amamantando
  • Preñada y amamantando al mismo tiempo

 

Esto significa que nunca se alimenta únicamente para su propio mantenimiento, sino que lo que consume impacta directamente sobre su cría. Por lo tanto, no existe un momento en el ciclo de la cría donde se acepte restringir a las vacas sin generar repercusiones en el futuro. Deberíamos considerar a la suplementación de las madres también como una forma de satisfacer las necesidades del feto y así asegurar que sus futuras crías permitan maximizar su potencial genético.

Los mayores desafíos para la industria cárnica son producir carne de buena calidad, que satisfaga la demanda poblacional y genere el menor impacto ambiental posible. Una de las maneras de alcanzar estos objetivos es acortar el ciclo de producción animal. Dado que el músculo esquelético, que proporciona carne, comienza a desarrollarse durante la etapa intrauterina, manipular el desarrollo muscular fetal puede ayudar a mejorar la eficiencia de la producción. Sin embargo, el músculo tiene menor prioridad en la distribución de nutrientes en comparación con los tejidos vitales durante el desarrollo prenatal (Long et al., 2009; Meyer et al., 2010). La etapa temprana y media de la gestación es crucial para el aumento del número de fibras musculares, lo cual ocurre exclusivamente durante el período prenatal. Simultáneamente, el tejido adiposo comienza a desarrollarse a mediados o finales de la gestación y, aunque las células grasas continúan formándose después del nacimiento, esta capacidad disminuye en los primeros meses de vida (Du et al., 2010).

 

Primer trimestre: desarrollando las bases

Durante el primer tercio de gestación, aunque el feto aún es muy pequeño, ocurren eventos clave que definen su desarrollo. En esta etapa se forma la placenta, que será el puente vital para el transporte de nutrientes y oxígeno entre la madre y el feto. También comienza la formación de los principales órganos: corazón, pulmones, cerebro, hígado, aparato digestivo y órganos reproductivos. Además, se establecen las células madre que darán origen al tejido muscular y adiposo.

Si bien las demandas energéticas de la madre aún no son elevadas, hoy se sabe que una restricción nutricional durante este período puede tener efectos permanentes, como:

  • Menor vascularización de la placenta, limitando el suministro de nutrientes y oxígeno al feto durante toda la gestación.
  • Menor desarrollo de los órganos
  • Disminución en el número de fibras musculares, lo que a futuro se traduce en terneros con menor potencial de desarrollo muscular.

 

Segundo trimestre: músculo y grasa en construcción

Entre los días 95 y 190 de gestación, el crecimiento fetal se enfoca en:

  • Hiperplasia muscular: aumento en el número de fibras musculares.
  • Adipogénesis: inicio de la formación de células adiposas.
  • Desarrollo del esqueleto y maduración de órganos formados en el primer trimestre.

Si la vaca atraviesa un déficit nutricional en este momento, el feto priorizará órganos vitales (como el cerebro o el corazón) en detrimento del desarrollo muscular. Como resultado, el ternero podría tener menos fibras musculares y menor capacidad de engorde en el futuro. Además, la programación del tejido adiposo también se ve afectada. Se ha comprobado que los genes involucrados en la deposición de grasa intramuscular, como PPARγ, C/EBPα y SCD1, tienen una expresión más intensa en esta etapa.

 

Tercer trimestre: crecimiento acelerado y reservas energéticas

Durante los últimos 90 días de gestación, el feto aumenta notablemente su tamaño, ganando hasta el 70% de su peso al nacimiento. En esta etapa se produce:

  • Hipertrofia muscular (crecimiento del tamaño de las fibras ya formadas)
  • Mayor acumulación de grasa, especialmente subcutánea e intramuscular
  • Rápida maduración de órganos como el pulmón y el sistema digestivo

Aunque el número de fibras musculares ya no aumenta, su capacidad de crecimiento continúa dependiendo de la nutrición materna. También es en esta etapa donde la reserva energética fetal se define: animales nacidos de madres subalimentadas suelen tener menor reserva de glucógeno y una adaptación metabólica que puede afectar su supervivencia en el período neonatal.

Además, hay evidencia (Costa et al., 2021) de que los terneros pueden presentar alteraciones en la expresión génica en el músculo esquelético, incluso sin diferencias visibles al nacer. Estos cambios afectan el metabolismo energético y podrían traducirse en una eficiencia menor a la hora de convertir alimento en carne.

 

La salud también se programa

La programación fetal también influye en el sistema inmune: un ambiente uterino con deficiencias puede afectar el desarrollo del timo, el bazo y la producción de células inmunes. Terneros nacidos de vacas con bajo plano nutricional durante la gestación pueden mostrar:

  • Menor resistencia a enfermedades
  • Peor respuesta vacunal
  • Mayor susceptibilidad a sufrir diarreas y enfermedades respiratorias

 

Fertilidad futura

Uno de los aspectos menos visible pero más relevantes de la programación fetal es su efecto en la fertilidad de las hijas. El desarrollo del ovario ocurre principalmente en el primer y segundo trimestre, y la restricción nutricional en estas etapas puede:

  • Reducir el número de folículos primordiales
  • Alterar la sensibilidad a hormonas reproductivas
  • Cambiar la edad a la pubertad

Esto significa que una vaquillona nacida de una madre mal alimentada en gestación podría tener menor fertilidad, menor tasa de concepción y menor longevidad productiva.

 

Impacto económico: ¿vale la pena invertir en la madre?

Diversos estudios (Larson et al., 2009; Mulliniks et al., 2012) hallaron que terneros nacidos de madres bien alimentadas durante la gestación:

  • Tienen mejor ganancia diaria post destete
  • Llegan antes a peso de faena
  • Presentan mayor rendimiento de carcasa
  • Muestran mejor calidad de carne (marmoleo)

En sistemas comerciales, esto puede representar entre 20 y 50 kg más por animal al momento de la venta, y mejores bonificaciones por calidad. Además, el efecto en la fertilidad de las hijas puede mejorar la tasa de preñez entre 5 y 10 puntos porcentuales, reduciendo costos de reposición. Es por ello que recomendamos monitorear la condición corporal de las vacas durante todo el año, y no solo en el último momento de la gestación, así como también suplementar con energía, proteína y/o minerales en los momentos que se considere adecuado.

Conclusiones


La programación fetal nos muestra que el futuro productivo de un animal no comienza en el destete, ni siquiera al nacer: comienza en el útero. Lo que ocurra en los 280 días de gestación tiene un efecto duradero sobre la calidad de carne, la eficiencia alimenticia, la salud y la fertilidad.

Este conocimiento nos obliga a repensar el manejo de las vacas, evitando pérdidas de condición corporal, suplementando de manera estratégica en los momentos necesarios y promoviendo un ambiente seguro sin estrés térmico ni social para los animales.

El útero es el primer ambiente que conoce un ternero. Y lo que allí ocurra puede ser la diferencia entre un animal más eficiente, sano y fértil o uno que arrastra limitaciones silenciosas toda su vida.

Bioter y Adisseo lanzan su alianza estratégica para impulsar la nutrición de precisión en la lechería argentina.

Villa María-Córdoba, 2 de junio de 2026 – En el marco de una jornada técnica convocada para productores, asesores y referentes del sector, Bioter S.A. y Adisseo oficializaron su alianza estratégica para la incorporación de metionina protegida como herramienta clave en los programas de nutrición de precisión en rumiantes. El encuentro se desarrolló el 2 de junio en el Amérian Villa María Park Hotel, con una agenda que combinó presentaciones técnicas, casos prácticos y un cierre de networking.

La jornada contó con la participación de tres especialistas de referencia internacional: MV Álvaro Echenique, Director Comercial de Bioter S.A.; el Zootecnista Luiz Vinicius Proeça, Gerente Técnico de Adisseo América do Sul; y el Dr. Jorge Carneiro, Fundador de Dairy Inside Consultoría, quien presentó un caso práctico sobre el camino hacia sistemas lecheros más eficientes.

De la proteína bruta al balance de aminoácidos

El eje conceptual de la jornada fue el cambio de paradigma en la formulación nutricional: la transición de modelos basados en proteína bruta hacia esquemas de balance por aminoácidos, donde la metionina ocupa un rol determinante como primer aminoácido limitante en vacas lecheras. En este marco, se enfatizó que la metionina protegida no debe considerarse un aditivo, sino un nutriente esencial cuya inclusión correcta permite:

  • Expresar el máximo potencial genético de los animales
  • Mejorar la salud, la reproducción y la longevidad del rodeo
  • Optimizar la eficiencia de conversión nutricional

Resultados concretos: datos que respaldan la decisión

Se presentaron resultados obtenidos con tecnologías como Smartamine® M y MetaSmart®, que evidenciaron mejoras consistentes en sistemas lecheros:

  • Incrementos de producción del orden de +1 a +1,5 litros/vaca/día
  • Aumentos de +0,10 a +0,15 puntos en proteína láctea

También se abordó el impacto en variables sanitarias y reproductivas, especialmente durante el período de transición, donde el correcto balance aminoácido contribuye a reducir la incidencia de trastornos metabólicos y mejorar los indicadores de fertilidad.

“La alianza con Adisseo nos permite ofrecer al productor lechero argentino algo que antes no existía: tecnología de clase mundial integrada a un programa nutricional adaptado a la realidad local. No vendemos un producto; construimos una solución.
MV Álvaro Echenique, Director Comercial – Bioter S.A.

Sustentabilidad: eficiencia ambiental como argumento productivo

Otro de los ejes destacados fue la eficiencia ambiental: la optimización del perfil de aminoácidos permite reducir la excreción de nitrógeno y la huella de carbono por litro de leche producido, alineando la producción con criterios de sustentabilidad sin resignar rentabilidad.

Bioter como socio técnico del productor

En este contexto, Bioter posiciona su propuesta diferencial no solo en la provisión de insumos, sino en la integración de tecnologías dentro de programas nutricionales personalizados, apoyados en herramientas como AMTS, análisis de forrajes y monitoreo productivo, consolidándose como socio técnico del productor.

La alianza con Adisseo™ permite combinar tecnología global con conocimiento local, facilitando la adopción de soluciones de alto impacto en los sistemas lecheros argentinos y acompañando la transición hacia modelos productivos más eficientes, rentables y sustentables.

Estrategias para el Invierno: Sales de Autoconsumo con Urea en Sistemas de Cría

En nuestros sistemas ganaderos, es muy común que las vacas de cría se encuentren sobre pastizales naturales los cuales, durante el período invernal, presentan una muy baja digestibilidad y un escaso valor nutritivo. A medida que los pastos maduran, su contenido de proteína disminuye y cuando cae por debajo del umbral crítico del 7%, se ve comprometida la actividad de la microbiota ruminal, reduciendo drásticamente la digestibilidad de la fibra, el consumo de materia seca y, en consecuencia, el desempeño productivo del animal.

Si bien no podemos mejorar la calidad del pasto una vez maduro, sí contamos con herramientas para poder mejorar su aprovechamiento; entre ellas, las sales de autoconsumo con urea constituyen una forma práctica de incrementar la digestibilidad de la materia seca.

 

Microbiota ruminal

Los rumiantes dependen de su microbiota ruminal para degradar la celulosa de los forrajes y obtener energía. Estos microorganismos no sólo digieren el forraje, sino que también son una fuente de proteína de alto valor biológico (llamada proteína microbiana) y vitaminas del complejo B y, además, ayudan a inactivar metabolitos no deseados como micotoxinas o factores antinutricionales presentes en algunos alimentos.

La velocidad de la digestión del forraje depende, en gran medida, de la cantidad y el tipo de microorganismos presentes en el rumen en un momento dado. Una población microbiana numerosa y saludable acelera el tránsito del alimento por el rumen, favorece la degradación del forraje y permite un mayor consumo voluntario. Para sostener esa población es necesario un suministro adecuado de energía y nitrógeno.

Cuando se logra ese equilibrio, los resultados son claros:

  • Mayor aporte energético, por una digestión más eficiente de la fibra.
  • Mayor disponibilidad de proteína, gracias al aumento de proteína microbiana que llega al intestino delgado.

 

Uso de urea para mejorar la digestibilidad

En situaciones donde el forraje disponible es abundante pero de baja calidad, como ocurre frecuentemente en invierno, la prioridad en la suplementación debe ser cubrir los requerimientos de proteína degradable en el rumen (PDR). La urea cumple este rol aportando el amoníaco necesario para la síntesis de proteína microbiana.

El uso de sales proteicas de autoconsumo con urea asegura un suministro sostenido de nitrógeno al rumen, estimulando la actividad microbiana y mejorando así la digestibilidad del forraje. Esto se traduce en un mayor consumo de materia seca y una conversión más eficiente de forraje en carne.

Debe tenerse en cuenta que la rápida degradación de la urea en el ambiente ruminal puede provocar una liberación excesiva de amoníaco, superando la capacidad de los microorganismos de utilizarlo eficientemente y aumentando el riesgo de toxicidad. Para evitar esta situación, se han desarrollado formulaciones de urea de liberación lenta, que permiten una mejor sincronización entre la disponibilidad de nitrógeno y la energía fermentable en el rumen. Este tipo de productos mejora la eficiencia de utilización del nitrógeno y reduce significativamente los riesgos.

 

Consideraciones prácticas para el uso de las sales

Una de las ventajas más destacadas de las sales proteicas es su formato de autoconsumo, que permite una administración práctica y adaptada a sistemas extensivos. Esta modalidad evita la necesidad de suplementación diaria, disminuyendo los requerimientos de infraestructura y mano de obra.

En zonas donde los animales tienen alta aceptación por la sal, se recomienda realizar una adaptación previa, suministrando sólo sal común durante al menos una semana. Si se observa una ingesta excesiva (más de 200 g/cabeza/día), conviene extender este período hasta que el consumo se estabilice. Esta medida ayuda a prevenir sobreconsumos iniciales y permite una transición segura al suplemento con urea.

 

 

Conclusión

Cuando el ganado consume forrajes de baja calidad, el nitrógeno de la dieta suele ser insuficiente para una función microbiana óptima. El agregado de urea además de mejorar el aporte de proteína microbiana que llega al intestino delgado, mejora la digestibilidad de la fibra, por lo tanto, aumenta también el aporte de energía. La suplementación con sales con urea tiene como objetivo complementar el valor nutricional del forraje disponible y mejorar su aprovechamiento. A su vez, la forma de suministro como autoconsumo permite que sea práctico sin necesidad de suplementar a los animales todos los días.

El rol de las vitaminas en la eficiencia del engorde a corral

En los sistemas de engorde a corral, la formulación de dietas suele enfocarse principalmente en nutrientes como la energía, la proteína y los minerales, debido a su impacto directo sobre el crecimiento y la eficiencia de conversión. Sin embargo, existen otros nutrientes que, aunque se requieren en cantidades muy pequeñas, cumplen funciones fundamentales y pueden influir de manera significativa en la salud de los animales, el desempeño productivo y la calidad final de la carne.

Entre ellos, las vitaminas A y E ocupan un lugar central. Ambas cumplen funciones clave en el metabolismo, la inmunidad y el mantenimiento de los tejidos, y, a diferencia de otras vitaminas, ni el rumen ni el animal pueden sintetizarlas, por lo que deben ser aportadas por la dieta.

En sistemas pastoriles esto rara vez representa un problema, ya que los forrajes verdes contienen cantidades abundantes de sus precursores. Sin embargo, la situación cambia en los sistemas de feedlot, donde las dietas suelen estar basadas en granos y conservados, con escaso aporte natural de vitaminas.

Comprender cómo funcionan estas vitaminas, qué ocurre cuando faltan y cuáles son los riesgos en sistemas intensivos es fundamental para prevenir problemas sanitarios y pérdidas productivas.

 

Vitaminas en bovinos

Las bacterias ruminales producen vitaminas del complejo B y vitamina K, generalmente en cantidades suficientes para cubrir los requerimientos del ganado bovino. Por esta razón, en animales con un rumen sano no suele ser necesario suplementarlas. Los bovinos también poseen la capacidad de sintetizar vitamina C en sus propios tejidos, por lo que tampoco existe un requerimiento dietético conocido para esta vitamina.

La situación es diferente para las vitaminas liposolubles, especialmente vitamina A y vitamina E que dependen completamente del aporte dietario. En sistemas basados en pasturas, este aporte suele estar garantizado. Pero cuando los animales consumen dietas basadas en granos, henos o silajes durante largos períodos, el suministro de estas vitaminas puede disminuir considerablemente.

 

Vitamina A: funciones clave en el organismo

La vitamina A es un nutriente esencial para múltiples procesos fisiológicos en los bovinos. Entre sus funciones principales se encuentran: proliferación y diferenciación celular de tejidos esenciales; normal crecimiento y desarrollo de los terneros; funcionamiento del sistema inmunitario; desarrollo reproductivo y mantenimiento de la visión.

Los bovinos obtienen la vitamina A principalmente a partir de precursores presentes en el forraje verde. Cuando el aporte es adecuado, el organismo puede acumular reservas significativas, lo que les permite atravesar períodos con baja ingesta sin comprometer de inmediato su estado nutricional. Sin embargo, estas reservas no son ilimitadas y si los animales pasan largos períodos sin suplementación terminan por agotarse (Mattioli et al., 2019).

El problema principal en los sistemas de engorde intensivo es que los ingredientes típicos de feedlot, como el silaje de maíz y los granos de cereales, contienen muy poco caroteno

La deficiencia de vitamina A, conocida como hipovitaminosis A, suele aparecer cuando se combinan varios factores:

  • Dietas muy pobres en caroteno (por ejemplo, grano + heno).
  • Engordes sin suplementación por más de 100 días.
  • Animales que ingresan al feedlot con reservas bajas.
  • Aportes de raciones sin premezclas vitamínicas.

En los casos de deficiencia, los primeros signos evidentes suelen ser trastornos visuales. Sin embargo, previamente los terneros pueden presentar una mayor susceptibilidad a infecciones y un menor crecimiento.

A pesar de su importancia, la hipovitaminosis A suele estar subdiagnosticada en los sistemas de engorde. Esto ocurre debido a que los signos clínicos tempranos son poco evidentes y el problema suele aparecer de forma progresiva. En muchos casos, cuando aparecen los síntomas visibles, el daño ya está avanzado.

En Japón, es común formular dietas para novillos Wagyu con niveles reducidos de vitamina A para estimular el marmoleo. Sin embargo, investigadores encontraron que los ejemplares con bajas concentraciones de vitamina A presentaban una disminución significativa en poblaciones clave de linfocitos, lo que debilita su respuesta defensiva, alterando la capacidad del animal para resistir infecciones comunes como la neumonía (Yano et al, 2008).

 

Vitamina E: defensa antioxidante y estabilidad celular

La vitamina E cumple un papel central como antioxidante. Su función principal es proteger a las células contra el daño oxidativo, por lo que está estrechamente relacionada con la función inmunitaria, la integridad de las membranas celulares y la estabilidad oxidativa de los tejidos.

Cuando los bovinos pasan de ingerir forrajes verdes a una dieta de feedlot, los niveles de vitamina E en sangre suelen descender rápidamente. Esto ocurre porque los granos contienen muy poca vitamina E y, a diferencia de la vitamina A, el organismo tiene capacidad más limitada para almacenarla. Al faltar esta vitamina, el sistema de defensa se debilita, especialmente frente al estrés oxidativo, que es un tipo de daño que ocurre dentro de las células. Si éste no se controla, el animal tiene más dificultades para combatir enfermedades y sus tejidos se deterioran fácilmente. En estas condiciones, aportar vitaminas y minerales con función antioxidante ayuda a fortalecer las defensas y mejorar la capacidad del animal para mantenerse sano.

 

Manejo nutricional y prevención

La mejor estrategia frente a las deficiencias vitamínicas es la prevención mediante una formulación adecuada de las dietas. En términos económicos las vitaminas representan una fracción mínima del costo de la dieta, pero su ausencia puede generar pérdidas importantes.

Las deficiencias subclínicas pueden traducirse en menor crecimiento y mayor incidencia de enfermedades, por lo tanto, en una menor eficiencia productiva. Es por ello, que, aunque se trate de nutrientes requeridos en cantidades muy pequeñas, su manejo adecuado es fundamental para un engorde exitoso.

El Rol Clave de las Sales de Autoconsumo: prevención de la Hipomagnesemia

La suplementación con sales de autoconsumo cumple un rol fundamental en la corrección de desbalances minerales en el ganado de pastoreo. A diferencia de los animales en confinamiento, donde los requerimientos minerales se satisfacen mediante la ración diaria, los animales a campo requieren métodos alternativos de suministro mineral. Es por ello que las sales de autoconsumo representan una estrategia práctica y efectiva para potenciar la productividad, disminuir la incidencia de enfermedades, optimizar la reproducción, suprimir la pica o malacia y evitar las enfermedades podales.

En nuestros sistemas pastoriles es habitual el uso de dos tipos de sales de autoconsumo:

  • Sales magnesiadas, enfocadas en la prevención de la hipomagnesemia
  • Sales proteicas, destinadas a mejorar la digestibilidad de forrajes de baja calidad

En esta sección, desarrollaremos el uso de sales magnesiadas como herramienta estratégica para prevenir la tetania hipomagnesémica, principal causa de mortandad de vacas de cría en la Cuenca del Salado (INTA Balcarce, 2024).

¿Qué es la Hipomagnesemia?

La hipomagnesemia es un desbalance mineral multifactorial que afecta principalmente a vacas adultas en estado de preñez o lactancia, en buena a excesiva condición corporal, y que son alimentadas con forrajes tiernos, principalmente verdeos. Su incidencia es más frecuente en otoño e invierno, aunque puede presentarse durante todo el año.

Factores que favorecen su aparición:

  • Pastos exuberantes y de rápido crecimiento.
  • Clima frío, húmedo y con baja radiación solar.
  • Consumo de heno o rastrojos pobres en magnesio.
  • Altos niveles de potasio y proteína de muy alta degradabilidad en la dieta.

Los rumiantes no poseen mecanismos eficientes para regular el magnesio, por lo que dependen directamente de la absorción diaria a nivel ruminal, la cual es limitada (<25% del magnesio ingerido) siendo más alta en terneros jóvenes. A su vez, existe factores que intervienen en la absorción de este mineral:

  • Negativos: Alta ingesta de potasio, exceso de proteínas degradables, pH ruminal elevado.
  • Positivos: Presencia de sodio, vitamina D y pH ruminal menor a 6,5.

Existen dos presentaciones de la carencia: subclínica y clínica aguda o tetania hipomagnesémica. Esta última suele presentarse de forma abrupta, caracterizada por muertes súbitas. Cuando se llegan a ver signos los animales presentan nerviosismo, agresividad, tambaleos y finalmente caída y muerte. El tratamiento tiene un éxito limitado debido a la rápida progresión de la enfermedad. En el caso de la presentación subclínica, las principales consecuencias son: menor digestibilidad de la celulosa, menor producción de leche y partos lánguidos.

Prevención de la Hipomagnesemia

La hipomagnesemia se puede prevenir mediante la administración oral diaria de sales con magnesio, ya que el animal requiere un aporte constante de este mineral.
Dado que el magnesio no se almacena eficientemente en el organismo, su disponibilidad en sangre depende del consumo diario y, por lo tanto, las aplicaciones inyectables de magnesio no son una estrategia preventiva adecuada.

El suplemento mineral debe ofrecerse continuamente, garantizando el consumo diario necesario para mantener niveles adecuados de magnesio en sangre. Es recomendable además que las mezclas de libre consumo aporten Ca y Na, que permanezcan secas y sueltas.

Condiciones como pastoreo de gramíneas o rastrojos, bajo aporte de sodio en suelos o agua, alta presencia de rebrotes en la pastura y animales que tienden a la gordura, refuerzan aún más la necesidad de suplementar adecuadamente, especialmente en otoño e invierno.

Disponibilidad y estrategia de uso de sales

Las sales deben estar disponibles durante todo el año, para que los animales se habitúen y sepan dónde encontrarlas.
Como estrategia para reducir costos, durante los períodos de bajo riesgo de hipomagnesemia, se puede suplementar únicamente con cloruro de sodio (sal común), reforzando así la “memoria” del lugar de consumo.

Por otro lado, cuando se van a ofrecer sales por primera vez, recomendamos iniciar la suplementación solo con cloruro de sodio, ya que es el componente que estimula la búsqueda y el consumo espontáneo en los bovinos.
El sodio no solo induce el consumo, sino que también autolimita la ingesta una vez que las necesidades del animal están cubiertas.

Esta estrategia inicial de ofrecer únicamente sal común tiene dos beneficios económicos importantes:

  • Verificación del consumo: si el agua de bebida es muy salada, los animales pueden perder el interés por consumir sales adicionales. Esta prueba permite confirmar que efectivamente consumirán el suplemento ofrecido.
  • Control de costos: en situaciones de alta deficiencia de sodio, el consumo inicial puede ser muy elevado. Por eso, es preferible que primero ingieran una sal más económica, y una vez estabilizado el consumo, incorporar las sales con otros componentes.

Toxicidad

Las sales de Mg por vía oral poseen un elevado margen de seguridad, siendo improbable la toxicidad.

Conclusión

La hipomagnesemia representa uno de los principales riesgos sanitarios en los sistemas de cría, especialmente durante períodos de crecimiento rápido de las pasturas y en vacas con altos requerimientos fisiológicos. Dado que los bovinos poseen una limitada capacidad de absorción y almacenamiento de este mineral, la prevención resulta mucho más efectiva a través de la suplementación oral diaria.

En este contexto, las sales magnesiadas de autoconsumo constituyen una herramienta simple, segura y de bajo costo para asegurar el suministro continuo de magnesio y reducir la ocurrencia de tetania hipomagnesémica.

Adaptación de terneros al corral de engorde: Consideraciones clave para un manejo exitoso

La adaptación de los terneros al corral de engorde es un proceso crítico que impacta directamente en el crecimiento y desempeño futuro de los animales. Esta etapa de transición, también conocida como adaptación al “feedlot”, corresponde a los primeros 21 a 28 días en los cuales los animales son alojados en un corral con una dieta basada en alimentos concentrados. Durante este período, los terneros enfrentan numerosos cambios, especialmente si provienen de un sistema de pastoreo y han sido recientemente destetados.

Por tratarse de una etapa sumamente delicada para los animales, es fundamental respetar los tiempos recomendados antes de comenzar a ofrecer a los animales dietas más energéticas.

Para comenzar, es necesario realizar una correcta recepción de los animales: al llegar al corral de engorde, muchos terneros se encuentran estresados, deshidratados y debilitados debido al transporte. Este estado, sumado al aumento del daño oxidativo, reduce la capacidad del animal para enfrentar a los microorganismos patógenos, lo que lo hace más susceptible a contraer enfermedades. Por ello, debemos permitir que el ganado descanse después de la descarga, evitando realizar procedimientos como vacunaciones o desparasitaciones inmediatamente. Durante este descanso, debe proporcionarse agua limpia y heno de calidad, fresco y libre de moho.

Luego de lograr una correcta de recepción de los animales, el paso siguiente es trabajar en la adaptación, la cual depende de factores interrelacionados que, si no se gestionan adecuadamente, pueden afectar de forma negativa la producción futura del ganado. El foco durante esta etapa debe estar puesto en que los animales se acostumbren a un nuevo modo de vida y de alimentación y que no pierdan peso ni contraigan enfermedades, no es el objetivo de este momento el aumento de peso. Algunos de los puntos más relevantes serán descriptos a continuación e incluyen:

  • El agua
  • La alimentación
  • Las instalaciones
  • El manejo

Agua

Cuando los animales han viajado largas horas, es altamente probable que se encuentren deshidratados, por lo que es recomendable añadir una solución de electrolitos al agua durante el período de recepción. La cantidad y calidad adecuadas del agua son esenciales para asegurar un correcto consumo de materia seca. Los bebederos deben limpiarse minuciosamente al menos una vez por semana para evitar la acumulación de algas y la contaminación con restos de comida y estiércol. El agua sucia puede disminuir el consumo de agua y, por ende, también la ingesta de alimento.

Alimentación

Para poder calcular el aporte diario de alimento, es necesario conocer de manera exacta el número de animales que se encuentran en el corral y su peso vivo promedio, así como el porcentaje de materia seca de la dieta. En cuanto al peso y tamaño de la tropa, lo ideal es que sea lo más homogénea posible, esto facilita el cálculo de consumo de alimento por animal y disminuye los problemas de competitividad.

Debemos recordar que, si los terneros provienen de sistemas de pastoreo, no están familiarizados con los comederos ni con los alimentos concentrados. Por esa razón, durante los primeros días se puede agregar heno de calidad (por ejemplo, de alfalfa) dentro de los comederos para que actúen como “llamadores” y los terneros se acerquen, encima de la fibra se puede ir agregando de a poco la ración. Si se va a utilizar ensilaje de maíz, este debe mantenerse fresco y los comederos deben limpiarse a diario.

Un desafío nutricional importante durante la adaptación es evitar la acidosis ruminal, que ocurre cuando la producción de ácidos grasos volátiles (AGV) supera a la capacidad del rumen de absorberlos. Esto puede llevar a la inflamación del epitelio ruminal (rumenitis) y a cambios en la flora ruminal que terminarán afectando la digestibilidad y la absorción de nutrientes. Estos daños pueden llegar a ser irreversibles y comprometer la producción a lo largo de la vida del animal o, incluso peor, provocar la muerte. Los trastornos digestivos son la segunda causa más común de morbilidad en los bovinos de engorde, después de las enfermedades respiratorias, por lo que es esencial monitorear y controlar esta condición durante la transición.

Para prevenir la acidosis, debe realizarse la adaptación a una dieta rica en granos de forma paulatina y en no menos de 15 días. Esta adaptación permite que proliferen las bacterias amilolíticas encargadas de degradar el almidón y que la mucosa del rumen pueda alargar sus papilas, encargadas de la absorción de los AGV hacia el torrente sanguíneo. Este enfoque gradual disminuye el riesgo de trastornos digestivos y optimiza la eficiencia alimentaria.

El aumento de la cantidad de alimento concentrado debe ser gradual. Durante esta etapa, los animales deben tener libre acceso al heno.  Una vez que los animales empiezan a dejar algo de remanente en el comedero, se considera que han alcanzado el consumo voluntario y esa cantidad debe mantenerse durante al menos un día antes de volver a aumentar. A partir de este momento, se podrá calcular la oferta de alimento de acuerdo con las lecturas de comederos.

Por último, se recomienda incluir la proteína, los minerales y las vitaminas en un porcentaje mayor al que se utiliza cuando el consumo de la ración ya es completo (consultar con un nutricionista). 

Manejo del ganado

Mantener juntos a los animales del mismo origen puede ayudar a reducir la competencia interna, ya que el orden jerárquico entre ellos ya ha sido establecido. Reagrupar o reubicar a los animales altera esta jerarquía, lo que genera estrés y reduce el consumo de materia seca y la eficiencia alimentaria. Por ese motivo se recomienda evitar reubicaciones, o al menos minimizarlas, para mantener la estabilidad social. También es fundamental evitar la presencia de perros, no gritar ni golpear a los animales, y moverlos lentamente y con cuidado.

Cabe señalar que los terneros no solo se están adaptando a una nueva dieta sino también a un nuevo entorno, incluyendo la presencia de personal desconocido, maquinarias y ruidos nuevos. Por lo tanto, el trato cuidadoso y respetuoso es crucial para facilitar la adaptación. Un ambiente tranquilo y libre de estrés favorecerá una mejor transición. 

Instalaciones

Durante la adaptación es importante asegurarnos que todos los animales tengan acceso al mismo tiempo al comedero, para ello debemos proporcionar un espacio de 25 a 30 cm por ternero (para un frame de 3 o 4). Se debe tener cuidado con la aplicación de electricidad en el frente de los comederos y/o bebidas ya se puede generar una mala experiencia que provoque que los animales se rehúsen a volver a comer. En cuanto a los bebederos, los mismos deben permitir que los terneros puedan tomar agua cómodamente, para esto es necesario verificar la altura y que el piso se encuentre en buen estado y libre de pozos y/o barro. El tamaño debe planificarse en función de que al menos el 10% de los animales del corral pueda beber al mismo tiempo. 

Conclusiones

Una adecuada adaptación durante las primeras dos a tres semanas es crucial para lograr que los terneros minimicen la probabilidad de acidosis y los brotes de enfermedades respiratorias. La transición gradual, el manejo adecuado del ganado, el acceso a agua limpia y una dieta balanceada son elementos clave para asegurar el éxito de este proceso y maximizar el rendimiento del ganado en el corral de engorde.

El primer objetivo durante el arribo de animales al engorde a corral es la rehidratación y recuperación de electrolitos. Además, fomentar un aumento rápido del consumo voluntario de materia seca, es fundamental para conseguir ajustar la dieta a los requerimientos nutricionales de los terneros.

Es recomendable trabajar estrechamente con un nutricionista para formular dietas que cubran los requerimientos de los terneros recién destetados y con un médico veterinario para establecer protocolos de prevención de enfermedades o la rápida detección de éstas. Esta colaboración asegura una transición exitosa al corral de engorde, favoreciendo tanto la salud como el crecimiento de los animales.

Estrés Térmico: El Impacto Económico en la Industria de la Carne

Introducción

Los bovinos son animales homeotermos, capaces de mantener y regular una temperatura corporal constante. Sin embargo, cuando están expuestos a condiciones ambientales extremas la capacidad de regular la temperatura corporal puede verse afectada, desencadenando situaciones de estrés térmico (ET).

Generalmente, las condiciones de calor extremas y la posibilidad de ocurrencia de ET son evaluadas a partir del Índice de Temperatura y Humedad (ITH) (Figura 2). Este valor indica la intensidad del estrés térmico al que está expuesto el animal y, en bovinos de carne, se clasifica en tres categorías: alerta (estrés leve) para valores de ITH ≥ 75, peligro (estrés moderado) para ITH ≥ 79, y emergencia (estrés severo) cuando el valor de ITH alcanza o supera los 84 (Figura 1).

Figura 1. Nivel de estrés térmico en bovinos para carne según el ITH.

Sin embargo, este índice utiliza un enfoque unidimensional, la situación térmica en un punto en el tiempo. No tiene en cuenta el efecto de la exposición (duración) a condiciones térmicas adversas, la velocidad del viento, las condiciones propias del alojamiento, ni tampoco hay distinción de razas, por lo que se supone que todo el ganado responde de la misma manera. Como tal, el ITH puede subestimar o sobreestimar el efecto de un evento de calor adverso especialmente si no se consideran las condiciones nocturnas. La recuperación nocturna (o la falta de ella) es un elemento importante al evaluar el estado de carga de calor del ganado. En ese sentido, Nienaber y Hanh (2007) definen a una ola de calor como aquellas condiciones en las que el valor de ITH se mantiene sobre el valor de 74 en al menos 3 días consecutivos.

Impacto en la producción

Las mermas productivas en un engorde a corral con estrés calórico suelen ser muy importantes. No obstante, la magnitud de estas pérdidas generalmente no son medidas y por lo tanto tampoco tomadas en cuenta con el fin de planificar una estrategia para minimizar los efectos de las altas temperaturas. Sin embargo, es importante destacar que el hecho de que estas pérdidas no se registren no significa que no existan. A continuación, detallaremos acerca de las distintas implicancias que tiene el ET sobre la producción bovina de carne.

  • Consumo de materia seca: Cuando los animales se encuentran bajo ET se genera una reducción significativa en el consumo de materia seca (CMS) con la consecuente disminución de la ganancia de peso. Existe el concepto acerca de que el CMS disminuye, pero la conversión alimenticia se mantiene, no obstante, esta idea es errónea ya que un animal bajo estrés térmico aumenta sus requerimientos energéticos de mantenimiento para termoregularse y poder desprenderse del exceso de calor y esta situación lleva a una disminución en la energía disponible para ganar peso. Como resultado directo vemos una disminución en la eficiencia de conversión y un incremento en el número de días necesarios para alcanzar el peso de faena, afectando tanto los costos operativos como la rentabilidad.
  • Riesgo de acidosis: los bovinos con estrés térmico son más susceptibles a sufrir acidosis. Uno de los motivos es el cambio en los patrones de ingestión de alimento: durante las horas más calurosas los animales permanecen sin comer y cuando se sienten más aliviados se acercan al comedero, consumiendo grandes cantidades de alimento en poco tiempo, generando una importante disminución en el pH ruminal. A su vez, el tiempo de rumia también disminuye afectando directamente la producción de saliva fundamental para estabilizar el pH del rumen. Otra posible causa predisponente de acidosis ruminal durante el ET tiene que ver con que, debido a que la sangre es direccionada hacia la periferia del organismo para poder disipar el calor, disminuye la perfusión sanguínea en la mucosa ruminal generando una absorción más lenta de los ácidos grasos volátiles (AGV) del rumen.
  • Incidencia de enfermedades: Otro impacto directo del ET en los bovinos es sobre el estado de salud. Se ha demostrado que los animales sometidos a estrés calórico presentan una respuesta inmunitaria debilitada, lo que los hace más vulnerables a contraer enfermedades infecciosas. Esta situación también incrementa el gasto energético, ya que el animal debe invertir más recursos para combatir a los microorganismos patógenos, lo que agrava aún más las ganancias de peso y la eficiencia de conversión, así como también disminuye el CMS debido a la propia enfermedad. Asimismo, también deben considerarse los costos adicionales asociados con la atención de los animales enfermos, como el servicio veterinario, el aumento de la mano de obra necesaria para su cuidado y la utilización de medicamentos, lo que incrementa los gastos operativos.
  • Efecto “de arrastre”: Los animales que atravesaron situaciones de ET en reiteradas ocasiones continúan con menores eficiencias de conversión cuando las temperaturas ambientales vuelven a ser adecuadas. Esta situación se da debido a cambios permanentes que se generan en la mucosa ruminal, afectando la capacidad de absorción de los AGV (principal fuente de energía de los rumiantes). Otros terneros además quedan afectados por neumonías que no se recuperan del todo y, como mencionamos previamente, le genera un gasto energético extra.

Conclusión

El aumento de las temperaturas promedio globales, junto con las mayores exigencias productivas de los animales actuales (genéticamente superiores a los de generaciones anteriores) representa una amenaza significativa para los sistemas de engorde durante el verano. En algunos casos, las consecuencias de estas condiciones extremas se hacen evidentes con la muerte de los animales. Sin embargo, en otras ocasiones las pérdidas económicas son menos visibles, ya que se reflejan en menores ganancias de peso, debidas a una reducción en el consumo de alimento, pero también a una mala conversión alimenticia. Otro efecto más sutil es el deterioro del sistema inmune, lo que disminuye la capacidad de los animales para resistir enfermedades como la neumonía. Esto no solo incrementa los costos de medicamentos y atención veterinaria, sino que también impacta negativamente en el rendimiento diario de los animales.

¿Por qué suplementar con urea a las vacas de cría durante el verano?

El verano puede percibirse como una época favorable para la cría bovina debido a que suele haber una cantidad abundante de forraje disponible. Sin embargo, desde el punto de vista nutricional, es una etapa crítica. Las vacas se encuentran en el primer trimestre de gestación, continúan amamantando un ternero y dependen mayormente de forrajes naturales o de gramíneas estivales. Y aunque el volumen de forraje puede ser alto, su calidad nutricional cae de forma marcada.

En este contexto, la suplementación con nitrógeno no proteico se convierte en una herramienta simple, económica y eficaz para sostener la producción y prevenir pérdidas de condición corporal. Pero para justificar su uso es necesario comprender qué pasa dentro del rumen en esta época del año, cómo se ve afectada la digestibilidad y por qué la microbiota ruminal depende tanto del aporte de nitrógeno.

En sistemas extensivos la oferta proteica es la principal limitante, estos beneficios pueden ser decisivos para mejorar la eficiencia del rodeo. Durante el verano, la vaca de cría atraviesa simultáneamente tres desafíos: Lactancia, Primer tercio de gestación y Baja calidad forrajera.

  1. Lactancia

La lactancia es la etapa de mayor demanda energética y proteica de la vida de la vaca. Incluso en razas de carne, producir 6 a 10 litros de leche por día requiere una cantidad considerable de aminoácidos. Cuando la calidad de la dieta es baja, la vaca recurre a sus reservas y comienza a perder condición corporal.

  1. Primer trimestre de gestación

En el primer trimestre, el feto todavía tiene un tamaño pequeño, pero sus tejidos se están formando. Aunque las necesidades absolutas de proteína son bajas, se requieren aminoácidos determinados para que se desarrolle correctamente la placenta, los órganos y las primeras células musculares.

Una vaca con oferta proteica insuficiente puede sostener la gestación, pero lo hace sacrificando tejido propio y resignando eficiencia futura de ella misma y de su cría.

  1. Baja calidad forrajera

Los pastizales naturales y las gramíneas perennes típicas del verano habitualmente presentan un contenido de Proteína Cruda alrededor de 5-7 % (por debajo del requerimiento de mantenimiento). Además, la digestibilidad de la fibra baja por lignificación y madurez, esto reduce notablemente el consumo.

Para que el rumen pueda digerir la fibra, las bacterias celulolíticas necesitan nitrógeno. Cuando la dieta contiene menos de 7 % de proteína bruta, la población microbiana disminuye y la fermentación ruminal se enlentece.

El rol de la urea como fuente práctica y eficiente de nitrógeno

En los rumiantes, los microorganismos generan sus propios aminoácidos a través de fuentes nitrogenadas que son digeridos luego en el intestino delgado, proporcionando proteína de alta calidad. Por otro lado, el aporte de nitrógeno en el rumen permite que las bacterias puedan multiplicarse y así permitir una mayor digestión de los forrajes.

Por lo tanto, cuando se implementa correctamente, la urea permite:

  • Aumentar la disponibilidad de nitrógeno para las bacterias.
  • Recuperar la digestibilidad de la fibra.
  • Mejorar el consumo voluntario.
  • Sostener la producción de leche.
  • Evitar pérdidas de condición corporal.
  • Asegurar un óptimo desarrollo del feto.

En resumen: la urea es una herramienta estratégica del verano

Cuando la proteína de la dieta cae por debajo del 7%, la digestión de la fibra disminuye drásticamente. Si tenemos en cuenta que esta situación coincide con la lactancia, sumada al primer trimestre de gestación (donde se definen estructuras del feto que impactan toda su vida productiva), la suplementación con fuentes de nitrógeno se vuelve clave: se genera un mayor consumo, debido a que el rumen se vacía más rápido. Aporta el nitrógeno que el pasto no tiene y mantiene en marcha al microbioma ruminal, que es el principal generador de proteína y energía.

De esta manera, sostiene la lactancia, evita la pérdida de condición corporal y acompaña el desarrollo fetal. Es una herramienta económica, de aplicación simple y de impacto directo sobre la producción.