El rol de las vitaminas en la eficiencia del engorde a corral

En los sistemas de engorde a corral, la formulación de dietas suele enfocarse principalmente en nutrientes como la energía, la proteína y los minerales, debido a su impacto directo sobre el crecimiento y la eficiencia de conversión. Sin embargo, existen otros nutrientes que, aunque se requieren en cantidades muy pequeñas, cumplen funciones fundamentales y pueden influir de manera significativa en la salud de los animales, el desempeño productivo y la calidad final de la carne.

Entre ellos, las vitaminas A y E ocupan un lugar central. Ambas cumplen funciones clave en el metabolismo, la inmunidad y el mantenimiento de los tejidos, y, a diferencia de otras vitaminas, ni el rumen ni el animal pueden sintetizarlas, por lo que deben ser aportadas por la dieta.

En sistemas pastoriles esto rara vez representa un problema, ya que los forrajes verdes contienen cantidades abundantes de sus precursores. Sin embargo, la situación cambia en los sistemas de feedlot, donde las dietas suelen estar basadas en granos y conservados, con escaso aporte natural de vitaminas.

Comprender cómo funcionan estas vitaminas, qué ocurre cuando faltan y cuáles son los riesgos en sistemas intensivos es fundamental para prevenir problemas sanitarios y pérdidas productivas.

 

Vitaminas en bovinos

Las bacterias ruminales producen vitaminas del complejo B, generalmente en cantidades suficientes para cubrir los requerimientos del ganado bovino. Por esta razón, en animales con un rumen sano no suele ser necesario suplementarlas. Los bovinos también poseen la capacidad de sintetizar vitamina C en sus propios tejidos, por lo que tampoco existe un requerimiento dietético conocido para esta vitamina.

La situación es diferente para las vitaminas liposolubles, especialmente vitamina A y vitamina E que dependen completamente del aporte dietario. En sistemas basados en pasturas, este aporte suele estar garantizado. Pero cuando los animales consumen dietas basadas en granos, henos o silajes durante largos períodos, el suministro de estas vitaminas puede disminuir considerablemente.

 

Vitamina A: funciones clave en el organismo

La vitamina A es un nutriente esencial para múltiples procesos fisiológicos en los bovinos. Entre sus funciones principales se encuentran: proliferación y diferenciación celular de tejidos esenciales; normal crecimiento y desarrollo de los terneros; funcionamiento del sistema inmunitario; desarrollo reproductivo y mantenimiento de la visión.

Los bovinos obtienen la vitamina A principalmente a partir de precursores carotenoides presentes en el forraje verde. Cuando el aporte es adecuado, el organismo puede acumular reservas significativas, lo que les permite atravesar períodos con baja ingesta sin comprometer de inmediato su estado nutricional. Sin embargo, estas reservas no son ilimitadas y, si los días de engorde se prolongan, terminan por agotarse.

El problema principal en los sistemas de engorde intensivo es que los ingredientes típicos de feedlot contienen muy poco caroteno.

La deficiencia de vitamina A, conocida como hipovitaminosis A, suele aparecer cuando se combinan varios factores:

  • Dietas muy pobres en caroteno (por ejemplo, grano + heno).
  • Engordes de más de 100 días.
  • Animales que ingresan al feedlot con reservas bajas.
  • Aportes de raciones sin premezclas vitamínicas.

En los casos de deficiencia, los primeros signos evidentes suelen ser trastornos visuales. Sin embargo, previamente los terneros pueden presentar una mayor susceptibilidad a infecciones y un menor crecimiento.

A pesar de su importancia, la hipovitaminosis A suele estar subdiagnosticada en los sistemas de engorde. Esto ocurre debido a que los signos clínicos tempranos son poco evidentes y el problema suele aparecer de forma progresiva. En muchos casos, cuando aparecen los síntomas visibles, el daño ya está avanzado.

 

Vitamina E: defensa antioxidante y estabilidad celular

La vitamina E cumple un papel central como antioxidante. Su función principal es proteger a las células contra el daño oxidativo, por lo que está estrechamente relacionada con la función inmunitaria, la integridad de las membranas celulares y la estabilidad oxidativa de los tejidos.

Cuando los bovinos pasan de ingerir forrajes verdes a una dieta de feedlot, los niveles de vitamina E en sangre suelen descender rápidamente. Esto ocurre porque los granos contienen muy poca vitamina E y, a diferencia de la vitamina A, el organismo tiene capacidad más limitada para almacenarla. Al faltar esta vitamina, el sistema de defensa se debilita, especialmente frente al “estrés oxidativo”, que es un tipo de daño que ocurre dentro de las células. Si éste no se controla, el animal tiene más dificultades para combatir enfermedades y sus tejidos se deterioran fácilmente. En estas condiciones, aportar vitaminas y minerales con función antioxidante ayuda a fortalecer las defensas y mejorar la capacidad del animal para mantenerse sano.

 

Manejo nutricional y prevención

La mejor estrategia frente a las deficiencias vitamínicas es la prevención mediante una formulación adecuada de las dietas. En términos económicos, las vitaminas representan una fracción mínima del costo de la dieta, pero su ausencia puede generar pérdidas importantes.

Las deficiencias subclínicas pueden traducirse en menor crecimiento y mayor incidencia de enfermedades, por lo tanto, en una menor eficiencia productiva. Es por ello, que, aunque se trate de nutrientes requeridos en cantidades muy pequeñas, su manejo adecuado es fundamental para un engorde exitoso.

El Rol Clave de las Sales de Autoconsumo: prevención de la Hipomagnesemia

La suplementación con sales de autoconsumo cumple un rol fundamental en la corrección de desbalances minerales en el ganado de pastoreo. A diferencia de los animales en confinamiento, donde los requerimientos minerales se satisfacen mediante la ración diaria, los animales a campo requieren métodos alternativos de suministro mineral. Es por ello que las sales de autoconsumo representan una estrategia práctica y efectiva para potenciar la productividad, disminuir la incidencia de enfermedades, optimizar la reproducción, suprimir la pica o malacia y evitar las enfermedades podales.

En nuestros sistemas pastoriles es habitual el uso de dos tipos de sales de autoconsumo:

  • Sales magnesiadas, enfocadas en la prevención de la hipomagnesemia
  • Sales proteicas, destinadas a mejorar la digestibilidad de forrajes de baja calidad

En esta sección, desarrollaremos el uso de sales magnesiadas como herramienta estratégica para prevenir la tetania hipomagnesémica, principal causa de mortandad de vacas de cría en la Cuenca del Salado (INTA Balcarce, 2024).

¿Qué es la Hipomagnesemia?

La hipomagnesemia es un desbalance mineral multifactorial que afecta principalmente a vacas adultas en estado de preñez o lactancia, en buena a excesiva condición corporal, y que son alimentadas con forrajes tiernos, principalmente verdeos. Su incidencia es más frecuente en otoño e invierno, aunque puede presentarse durante todo el año.

Factores que favorecen su aparición:

  • Pastos exuberantes y de rápido crecimiento.
  • Clima frío, húmedo y con baja radiación solar.
  • Consumo de heno o rastrojos pobres en magnesio.
  • Altos niveles de potasio y proteína de muy alta degradabilidad en la dieta.

Los rumiantes no poseen mecanismos eficientes para regular el magnesio, por lo que dependen directamente de la absorción diaria a nivel ruminal, la cual es limitada (<25% del magnesio ingerido) siendo más alta en terneros jóvenes. A su vez, existe factores que intervienen en la absorción de este mineral:

  • Negativos: Alta ingesta de potasio, exceso de proteínas degradables, pH ruminal elevado.
  • Positivos: Presencia de sodio, vitamina D y pH ruminal menor a 6,5.

Existen dos presentaciones de la carencia: subclínica y clínica aguda o tetania hipomagnesémica. Esta última suele presentarse de forma abrupta, caracterizada por muertes súbitas. Cuando se llegan a ver signos los animales presentan nerviosismo, agresividad, tambaleos y finalmente caída y muerte. El tratamiento tiene un éxito limitado debido a la rápida progresión de la enfermedad. En el caso de la presentación subclínica, las principales consecuencias son: menor digestibilidad de la celulosa, menor producción de leche y partos lánguidos.

Prevención de la Hipomagnesemia

La hipomagnesemia se puede prevenir mediante la administración oral diaria de sales con magnesio, ya que el animal requiere un aporte constante de este mineral.
Dado que el magnesio no se almacena eficientemente en el organismo, su disponibilidad en sangre depende del consumo diario y, por lo tanto, las aplicaciones inyectables de magnesio no son una estrategia preventiva adecuada.

El suplemento mineral debe ofrecerse continuamente, garantizando el consumo diario necesario para mantener niveles adecuados de magnesio en sangre. Es recomendable además que las mezclas de libre consumo aporten Ca y Na, que permanezcan secas y sueltas.

Condiciones como pastoreo de gramíneas o rastrojos, bajo aporte de sodio en suelos o agua, alta presencia de rebrotes en la pastura y animales que tienden a la gordura, refuerzan aún más la necesidad de suplementar adecuadamente, especialmente en otoño e invierno.

Disponibilidad y estrategia de uso de sales

Las sales deben estar disponibles durante todo el año, para que los animales se habitúen y sepan dónde encontrarlas.
Como estrategia para reducir costos, durante los períodos de bajo riesgo de hipomagnesemia, se puede suplementar únicamente con cloruro de sodio (sal común), reforzando así la “memoria” del lugar de consumo.

Por otro lado, cuando se van a ofrecer sales por primera vez, recomendamos iniciar la suplementación solo con cloruro de sodio, ya que es el componente que estimula la búsqueda y el consumo espontáneo en los bovinos.
El sodio no solo induce el consumo, sino que también autolimita la ingesta una vez que las necesidades del animal están cubiertas.

Esta estrategia inicial de ofrecer únicamente sal común tiene dos beneficios económicos importantes:

  • Verificación del consumo: si el agua de bebida es muy salada, los animales pueden perder el interés por consumir sales adicionales. Esta prueba permite confirmar que efectivamente consumirán el suplemento ofrecido.
  • Control de costos: en situaciones de alta deficiencia de sodio, el consumo inicial puede ser muy elevado. Por eso, es preferible que primero ingieran una sal más económica, y una vez estabilizado el consumo, incorporar las sales con otros componentes.

Toxicidad

Las sales de Mg por vía oral poseen un elevado margen de seguridad, siendo improbable la toxicidad.

Conclusión

La hipomagnesemia representa uno de los principales riesgos sanitarios en los sistemas de cría, especialmente durante períodos de crecimiento rápido de las pasturas y en vacas con altos requerimientos fisiológicos. Dado que los bovinos poseen una limitada capacidad de absorción y almacenamiento de este mineral, la prevención resulta mucho más efectiva a través de la suplementación oral diaria.

En este contexto, las sales magnesiadas de autoconsumo constituyen una herramienta simple, segura y de bajo costo para asegurar el suministro continuo de magnesio y reducir la ocurrencia de tetania hipomagnesémica.

Adaptación de terneros al corral de engorde: Consideraciones clave para un manejo exitoso

La adaptación de los terneros al corral de engorde es un proceso crítico que impacta directamente en el crecimiento y desempeño futuro de los animales. Esta etapa de transición, también conocida como adaptación al “feedlot”, corresponde a los primeros 21 a 28 días en los cuales los animales son alojados en un corral con una dieta basada en alimentos concentrados. Durante este período, los terneros enfrentan numerosos cambios, especialmente si provienen de un sistema de pastoreo y han sido recientemente destetados.

Por tratarse de una etapa sumamente delicada para los animales, es fundamental respetar los tiempos recomendados antes de comenzar a ofrecer a los animales dietas más energéticas.

Para comenzar, es necesario realizar una correcta recepción de los animales: al llegar al corral de engorde, muchos terneros se encuentran estresados, deshidratados y debilitados debido al transporte. Este estado, sumado al aumento del daño oxidativo, reduce la capacidad del animal para enfrentar a los microorganismos patógenos, lo que lo hace más susceptible a contraer enfermedades. Por ello, debemos permitir que el ganado descanse después de la descarga, evitando realizar procedimientos como vacunaciones o desparasitaciones inmediatamente. Durante este descanso, debe proporcionarse agua limpia y heno de calidad, fresco y libre de moho.

Luego de lograr una correcta de recepción de los animales, el paso siguiente es trabajar en la adaptación, la cual depende de factores interrelacionados que, si no se gestionan adecuadamente, pueden afectar de forma negativa la producción futura del ganado. El foco durante esta etapa debe estar puesto en que los animales se acostumbren a un nuevo modo de vida y de alimentación y que no pierdan peso ni contraigan enfermedades, no es el objetivo de este momento el aumento de peso. Algunos de los puntos más relevantes serán descriptos a continuación e incluyen:

  • El agua
  • La alimentación
  • Las instalaciones
  • El manejo

Agua

Cuando los animales han viajado largas horas, es altamente probable que se encuentren deshidratados, por lo que es recomendable añadir una solución de electrolitos al agua durante el período de recepción. La cantidad y calidad adecuadas del agua son esenciales para asegurar un correcto consumo de materia seca. Los bebederos deben limpiarse minuciosamente al menos una vez por semana para evitar la acumulación de algas y la contaminación con restos de comida y estiércol. El agua sucia puede disminuir el consumo de agua y, por ende, también la ingesta de alimento.

Alimentación

Para poder calcular el aporte diario de alimento, es necesario conocer de manera exacta el número de animales que se encuentran en el corral y su peso vivo promedio, así como el porcentaje de materia seca de la dieta. En cuanto al peso y tamaño de la tropa, lo ideal es que sea lo más homogénea posible, esto facilita el cálculo de consumo de alimento por animal y disminuye los problemas de competitividad.

Debemos recordar que, si los terneros provienen de sistemas de pastoreo, no están familiarizados con los comederos ni con los alimentos concentrados. Por esa razón, durante los primeros días se puede agregar heno de calidad (por ejemplo, de alfalfa) dentro de los comederos para que actúen como “llamadores” y los terneros se acerquen, encima de la fibra se puede ir agregando de a poco la ración. Si se va a utilizar ensilaje de maíz, este debe mantenerse fresco y los comederos deben limpiarse a diario.

Un desafío nutricional importante durante la adaptación es evitar la acidosis ruminal, que ocurre cuando la producción de ácidos grasos volátiles (AGV) supera a la capacidad del rumen de absorberlos. Esto puede llevar a la inflamación del epitelio ruminal (rumenitis) y a cambios en la flora ruminal que terminarán afectando la digestibilidad y la absorción de nutrientes. Estos daños pueden llegar a ser irreversibles y comprometer la producción a lo largo de la vida del animal o, incluso peor, provocar la muerte. Los trastornos digestivos son la segunda causa más común de morbilidad en los bovinos de engorde, después de las enfermedades respiratorias, por lo que es esencial monitorear y controlar esta condición durante la transición.

Para prevenir la acidosis, debe realizarse la adaptación a una dieta rica en granos de forma paulatina y en no menos de 15 días. Esta adaptación permite que proliferen las bacterias amilolíticas encargadas de degradar el almidón y que la mucosa del rumen pueda alargar sus papilas, encargadas de la absorción de los AGV hacia el torrente sanguíneo. Este enfoque gradual disminuye el riesgo de trastornos digestivos y optimiza la eficiencia alimentaria.

El aumento de la cantidad de alimento concentrado debe ser gradual. Durante esta etapa, los animales deben tener libre acceso al heno.  Una vez que los animales empiezan a dejar algo de remanente en el comedero, se considera que han alcanzado el consumo voluntario y esa cantidad debe mantenerse durante al menos un día antes de volver a aumentar. A partir de este momento, se podrá calcular la oferta de alimento de acuerdo con las lecturas de comederos.

Por último, se recomienda incluir la proteína, los minerales y las vitaminas en un porcentaje mayor al que se utiliza cuando el consumo de la ración ya es completo (consultar con un nutricionista). 

Manejo del ganado

Mantener juntos a los animales del mismo origen puede ayudar a reducir la competencia interna, ya que el orden jerárquico entre ellos ya ha sido establecido. Reagrupar o reubicar a los animales altera esta jerarquía, lo que genera estrés y reduce el consumo de materia seca y la eficiencia alimentaria. Por ese motivo se recomienda evitar reubicaciones, o al menos minimizarlas, para mantener la estabilidad social. También es fundamental evitar la presencia de perros, no gritar ni golpear a los animales, y moverlos lentamente y con cuidado.

Cabe señalar que los terneros no solo se están adaptando a una nueva dieta sino también a un nuevo entorno, incluyendo la presencia de personal desconocido, maquinarias y ruidos nuevos. Por lo tanto, el trato cuidadoso y respetuoso es crucial para facilitar la adaptación. Un ambiente tranquilo y libre de estrés favorecerá una mejor transición. 

Instalaciones

Durante la adaptación es importante asegurarnos que todos los animales tengan acceso al mismo tiempo al comedero, para ello debemos proporcionar un espacio de 25 a 30 cm por ternero (para un frame de 3 o 4). Se debe tener cuidado con la aplicación de electricidad en el frente de los comederos y/o bebidas ya se puede generar una mala experiencia que provoque que los animales se rehúsen a volver a comer. En cuanto a los bebederos, los mismos deben permitir que los terneros puedan tomar agua cómodamente, para esto es necesario verificar la altura y que el piso se encuentre en buen estado y libre de pozos y/o barro. El tamaño debe planificarse en función de que al menos el 10% de los animales del corral pueda beber al mismo tiempo. 

Conclusiones

Una adecuada adaptación durante las primeras dos a tres semanas es crucial para lograr que los terneros minimicen la probabilidad de acidosis y los brotes de enfermedades respiratorias. La transición gradual, el manejo adecuado del ganado, el acceso a agua limpia y una dieta balanceada son elementos clave para asegurar el éxito de este proceso y maximizar el rendimiento del ganado en el corral de engorde.

El primer objetivo durante el arribo de animales al engorde a corral es la rehidratación y recuperación de electrolitos. Además, fomentar un aumento rápido del consumo voluntario de materia seca, es fundamental para conseguir ajustar la dieta a los requerimientos nutricionales de los terneros.

Es recomendable trabajar estrechamente con un nutricionista para formular dietas que cubran los requerimientos de los terneros recién destetados y con un médico veterinario para establecer protocolos de prevención de enfermedades o la rápida detección de éstas. Esta colaboración asegura una transición exitosa al corral de engorde, favoreciendo tanto la salud como el crecimiento de los animales.

Estrés Térmico: El Impacto Económico en la Industria de la Carne

Introducción

Los bovinos son animales homeotermos, capaces de mantener y regular una temperatura corporal constante. Sin embargo, cuando están expuestos a condiciones ambientales extremas la capacidad de regular la temperatura corporal puede verse afectada, desencadenando situaciones de estrés térmico (ET).

Generalmente, las condiciones de calor extremas y la posibilidad de ocurrencia de ET son evaluadas a partir del Índice de Temperatura y Humedad (ITH) (Figura 2). Este valor indica la intensidad del estrés térmico al que está expuesto el animal y, en bovinos de carne, se clasifica en tres categorías: alerta (estrés leve) para valores de ITH ≥ 75, peligro (estrés moderado) para ITH ≥ 79, y emergencia (estrés severo) cuando el valor de ITH alcanza o supera los 84 (Figura 1).

Figura 1. Nivel de estrés térmico en bovinos para carne según el ITH.

Sin embargo, este índice utiliza un enfoque unidimensional, la situación térmica en un punto en el tiempo. No tiene en cuenta el efecto de la exposición (duración) a condiciones térmicas adversas, la velocidad del viento, las condiciones propias del alojamiento, ni tampoco hay distinción de razas, por lo que se supone que todo el ganado responde de la misma manera. Como tal, el ITH puede subestimar o sobreestimar el efecto de un evento de calor adverso especialmente si no se consideran las condiciones nocturnas. La recuperación nocturna (o la falta de ella) es un elemento importante al evaluar el estado de carga de calor del ganado. En ese sentido, Nienaber y Hanh (2007) definen a una ola de calor como aquellas condiciones en las que el valor de ITH se mantiene sobre el valor de 74 en al menos 3 días consecutivos.

Impacto en la producción

Las mermas productivas en un engorde a corral con estrés calórico suelen ser muy importantes. No obstante, la magnitud de estas pérdidas generalmente no son medidas y por lo tanto tampoco tomadas en cuenta con el fin de planificar una estrategia para minimizar los efectos de las altas temperaturas. Sin embargo, es importante destacar que el hecho de que estas pérdidas no se registren no significa que no existan. A continuación, detallaremos acerca de las distintas implicancias que tiene el ET sobre la producción bovina de carne.

  • Consumo de materia seca: Cuando los animales se encuentran bajo ET se genera una reducción significativa en el consumo de materia seca (CMS) con la consecuente disminución de la ganancia de peso. Existe el concepto acerca de que el CMS disminuye, pero la conversión alimenticia se mantiene, no obstante, esta idea es errónea ya que un animal bajo estrés térmico aumenta sus requerimientos energéticos de mantenimiento para termoregularse y poder desprenderse del exceso de calor y esta situación lleva a una disminución en la energía disponible para ganar peso. Como resultado directo vemos una disminución en la eficiencia de conversión y un incremento en el número de días necesarios para alcanzar el peso de faena, afectando tanto los costos operativos como la rentabilidad.
  • Riesgo de acidosis: los bovinos con estrés térmico son más susceptibles a sufrir acidosis. Uno de los motivos es el cambio en los patrones de ingestión de alimento: durante las horas más calurosas los animales permanecen sin comer y cuando se sienten más aliviados se acercan al comedero, consumiendo grandes cantidades de alimento en poco tiempo, generando una importante disminución en el pH ruminal. A su vez, el tiempo de rumia también disminuye afectando directamente la producción de saliva fundamental para estabilizar el pH del rumen. Otra posible causa predisponente de acidosis ruminal durante el ET tiene que ver con que, debido a que la sangre es direccionada hacia la periferia del organismo para poder disipar el calor, disminuye la perfusión sanguínea en la mucosa ruminal generando una absorción más lenta de los ácidos grasos volátiles (AGV) del rumen.
  • Incidencia de enfermedades: Otro impacto directo del ET en los bovinos es sobre el estado de salud. Se ha demostrado que los animales sometidos a estrés calórico presentan una respuesta inmunitaria debilitada, lo que los hace más vulnerables a contraer enfermedades infecciosas. Esta situación también incrementa el gasto energético, ya que el animal debe invertir más recursos para combatir a los microorganismos patógenos, lo que agrava aún más las ganancias de peso y la eficiencia de conversión, así como también disminuye el CMS debido a la propia enfermedad. Asimismo, también deben considerarse los costos adicionales asociados con la atención de los animales enfermos, como el servicio veterinario, el aumento de la mano de obra necesaria para su cuidado y la utilización de medicamentos, lo que incrementa los gastos operativos.
  • Efecto “de arrastre”: Los animales que atravesaron situaciones de ET en reiteradas ocasiones continúan con menores eficiencias de conversión cuando las temperaturas ambientales vuelven a ser adecuadas. Esta situación se da debido a cambios permanentes que se generan en la mucosa ruminal, afectando la capacidad de absorción de los AGV (principal fuente de energía de los rumiantes). Otros terneros además quedan afectados por neumonías que no se recuperan del todo y, como mencionamos previamente, le genera un gasto energético extra.

Conclusión

El aumento de las temperaturas promedio globales, junto con las mayores exigencias productivas de los animales actuales (genéticamente superiores a los de generaciones anteriores) representa una amenaza significativa para los sistemas de engorde durante el verano. En algunos casos, las consecuencias de estas condiciones extremas se hacen evidentes con la muerte de los animales. Sin embargo, en otras ocasiones las pérdidas económicas son menos visibles, ya que se reflejan en menores ganancias de peso, debidas a una reducción en el consumo de alimento, pero también a una mala conversión alimenticia. Otro efecto más sutil es el deterioro del sistema inmune, lo que disminuye la capacidad de los animales para resistir enfermedades como la neumonía. Esto no solo incrementa los costos de medicamentos y atención veterinaria, sino que también impacta negativamente en el rendimiento diario de los animales.

¿Por qué suplementar con urea a las vacas de cría durante el verano?

El verano puede percibirse como una época favorable para la cría bovina debido a que suele haber una cantidad abundante de forraje disponible. Sin embargo, desde el punto de vista nutricional, es una etapa crítica. Las vacas se encuentran en el primer trimestre de gestación, continúan amamantando un ternero y dependen mayormente de forrajes naturales o de gramíneas estivales. Y aunque el volumen de forraje puede ser alto, su calidad nutricional cae de forma marcada.

En este contexto, la suplementación con nitrógeno no proteico se convierte en una herramienta simple, económica y eficaz para sostener la producción y prevenir pérdidas de condición corporal. Pero para justificar su uso es necesario comprender qué pasa dentro del rumen en esta época del año, cómo se ve afectada la digestibilidad y por qué la microbiota ruminal depende tanto del aporte de nitrógeno.

En sistemas extensivos la oferta proteica es la principal limitante, estos beneficios pueden ser decisivos para mejorar la eficiencia del rodeo. Durante el verano, la vaca de cría atraviesa simultáneamente tres desafíos: Lactancia, Primer tercio de gestación y Baja calidad forrajera.

  1. Lactancia

La lactancia es la etapa de mayor demanda energética y proteica de la vida de la vaca. Incluso en razas de carne, producir 6 a 10 litros de leche por día requiere una cantidad considerable de aminoácidos. Cuando la calidad de la dieta es baja, la vaca recurre a sus reservas y comienza a perder condición corporal.

  1. Primer trimestre de gestación

En el primer trimestre, el feto todavía tiene un tamaño pequeño, pero sus tejidos se están formando. Aunque las necesidades absolutas de proteína son bajas, se requieren aminoácidos determinados para que se desarrolle correctamente la placenta, los órganos y las primeras células musculares.

Una vaca con oferta proteica insuficiente puede sostener la gestación, pero lo hace sacrificando tejido propio y resignando eficiencia futura de ella misma y de su cría.

  1. Baja calidad forrajera

Los pastizales naturales y las gramíneas perennes típicas del verano habitualmente presentan un contenido de Proteína Cruda alrededor de 5-7 % (por debajo del requerimiento de mantenimiento). Además, la digestibilidad de la fibra baja por lignificación y madurez, esto reduce notablemente el consumo.

Para que el rumen pueda digerir la fibra, las bacterias celulolíticas necesitan nitrógeno. Cuando la dieta contiene menos de 7 % de proteína bruta, la población microbiana disminuye y la fermentación ruminal se enlentece.

El rol de la urea como fuente práctica y eficiente de nitrógeno

En los rumiantes, los microorganismos generan sus propios aminoácidos a través de fuentes nitrogenadas que son digeridos luego en el intestino delgado, proporcionando proteína de alta calidad. Por otro lado, el aporte de nitrógeno en el rumen permite que las bacterias puedan multiplicarse y así permitir una mayor digestión de los forrajes.

Por lo tanto, cuando se implementa correctamente, la urea permite:

  • Aumentar la disponibilidad de nitrógeno para las bacterias.
  • Recuperar la digestibilidad de la fibra.
  • Mejorar el consumo voluntario.
  • Sostener la producción de leche.
  • Evitar pérdidas de condición corporal.
  • Asegurar un óptimo desarrollo del feto.

En resumen: la urea es una herramienta estratégica del verano

Cuando la proteína de la dieta cae por debajo del 7%, la digestión de la fibra disminuye drásticamente. Si tenemos en cuenta que esta situación coincide con la lactancia, sumada al primer trimestre de gestación (donde se definen estructuras del feto que impactan toda su vida productiva), la suplementación con fuentes de nitrógeno se vuelve clave: se genera un mayor consumo, debido a que el rumen se vacía más rápido. Aporta el nitrógeno que el pasto no tiene y mantiene en marcha al microbioma ruminal, que es el principal generador de proteína y energía.

De esta manera, sostiene la lactancia, evita la pérdida de condición corporal y acompaña el desarrollo fetal. Es una herramienta económica, de aplicación simple y de impacto directo sobre la producción.