Durante las últimas décadas, el mejoramiento genético ha transformado profundamente la producción mundial de huevos. Las ponedoras modernas presentan una persistencia de postura superior, mejor eficiencia alimenticia y una mayor capacidad para mantenerse productivas durante períodos cada vez más prolongados. Actualmente, alcanzar o incluso superar los 490 huevos por gallina alojada ya forma parte de los objetivos productivos de muchas explotaciones comerciales.
Sin embargo, estos avances también plantean nuevos desafíos. La genética ha demostrado hasta dónde puede llegar una gallina moderna, pero convertir ese potencial en resultados reales depende cada vez más de la nutrición, el manejo y la salud de las aves.
El desafío de sostener la calidad de cáscara
Uno de los principales problemas que enfrentan los productores en ciclos prolongados es el deterioro progresivo de la calidad de la cáscara. A medida que aumenta la edad de las aves, también lo hace el tamaño del huevo, mientras que los mecanismos fisiológicos responsables de absorber, movilizar y utilizar el calcio pierden eficiencia.
La consecuencia es conocida por todos: incremento de huevos fisurados, roturas, pérdidas económicas y una menor proporción de huevos comercializables.
Hoy sabemos que este fenómeno no puede atribuirse únicamente al envejecimiento de la gallina. Gran parte de la respuesta está relacionada con la capacidad de mantener una adecuada homeostasis mineral durante todo el ciclo productivo.
La importancia de un adecuado manejo del calcio
La formación de la cáscara representa uno de los mayores desafíos metabólicos para una ponedora. Cada huevo requiere aproximadamente dos gramos de calcio para su correcta mineralización, una demanda que se repite prácticamente a diario durante más de un año de producción.
Por esta razón, el calcio continúa siendo uno de los nutrientes más importantes dentro de cualquier estrategia nutricional orientada a ciclos largos.
Sin embargo, actualmente sabemos que no sólo importa la cantidad de calcio incluida en la dieta. También resultan fundamentales aspectos como la granulometría de las fuentes de calcio, su solubilidad, la relación calcio:fósforo y el momento en que estos minerales están disponibles para el ave durante el proceso de formación de la cáscara.
Diversos estudios muestran que las necesidades de calcio en aves adultas pueden superar las recomendaciones utilizadas históricamente para gallinas, mejorando tanto la calidad de cáscara como la resistencia ósea cuando se ajustan adecuadamente los niveles de inclusión.
Vitamina D: una pieza clave del metabolismo mineral
Junto con el calcio, la vitamina D desempeña un papel central en la absorción y utilización de minerales.
Investigaciones recientes realizadas en gallinas, al final del ciclo productivo demostraron que una mayor disponibilidad biológica de vitamina D permite incrementar los niveles plasmáticos de calcio, mejorar la resistencia de la cáscara y reducir la incidencia de huevos no comercializables.
Un aspecto interesante es que los beneficios observados fueron similares tanto con mayores niveles de vitamina D3 convencional como con niveles equivalentes de 25-hidroxivitamina D3. Estos resultados sugieren que el foco debe estar puesto en garantizar una adecuada actividad biológica del sistema vitamina D y no exclusivamente en una fuente específica.
En otras palabras, el desafío consiste en optimizar la utilización del calcio por parte de la gallina para acompañar las crecientes exigencias de los ciclos productivos modernos.
Micro minerales: más allá de la fuente
Los micro minerales también cumplen funciones esenciales en la formación de la cáscara, la salud ósea y los mecanismos antioxidantes.
Entre ellos, el zinc participa en múltiples procesos fisiológicos relacionados con la integridad de tejidos y la actividad enzimática. Diversos trabajos muestran que su suplementación mejora parámetros vinculados al estado antioxidante y aumenta la disponibilidad del mineral para el organismo.
Sin embargo, uno de los hallazgos más interesantes es que, bajo determinadas condiciones experimentales, tanto fuentes orgánicas como inorgánicas fueron capaces de generar respuestas fisiológicas similares cuando las dietas cubrían adecuadamente los requerimientos nutricionales.
Esto pone de manifiesto que la respuesta productiva no depende exclusivamente de la fuente utilizada, sino de una correcta estrategia nutricional que contemple dosis, biodisponibilidad, estado fisiológico y condiciones productivas de cada lote.
Un nuevo paradigma nutricional
Las gallinas actuales son capaces de producir más huevos durante más tiempo que nunca. Pero esta realidad exige abandonar algunos conceptos tradicionales y adoptar una visión más integral de la nutrición.
La calidad de cáscara, la persistencia de postura y la viabilidad de las aves dependen de la interacción entre múltiples factores: calcio, fósforo, vitamina D, micro minerales, salud intestinal, manejo alimentario y estado sanitario.
No existe una única herramienta capaz de resolver todos los desafíos de los ciclos largos. El éxito radica en comprender la fisiología de la ponedora moderna y aplicar estrategias nutricionales que permitan sostener su productividad durante todo el ciclo.La genética ya demostró de lo que estas aves son capaces. El desafío que enfrenta hoy la industria es evolucionar en nutrición y manejo al mismo ritmo para que ese potencial se transforme en resultados productivos sostenibles.
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