Las vitaminas en tiempo suplementario: El papel de la nutrición vitamínica en la longevidad productiva de la ponedora moderna.

No suelen ocupar las portadas, pero siguen siendo fundamentales para sostener el rendimiento del equipo. En una era de ciclos productivos cada vez más largos, las vitaminas vuelven a cobrar protagonismo por su aporte a la productividad, la calidad del huevo y la salud de las ponedoras.

Gisela Britos, (Vet Universidad de Buenos Aires, Consultor Bioter)

En cada copa del mundo hay jugadores que se llevan las portadas. Son los goleadores, los que hacen la jugada decisiva o levantan la copa. Pero quienes siguen el fútbol de cerca saben que ningún equipo llega lejos apoyándose únicamente en sus figuras. Detrás de cada campeón existe un grupo de jugadores que, aunque reciben menos atención, resultan indispensables para sostener el rendimiento durante todo el torneo.

Las vitaminas podrían compararse con esos integrantes silenciosos del equipo. Forman parte de los programas nutricionales desde hace décadas, rara vez ocupan el centro de las discusiones técnicas y ya no son consideradas una innovación. Sin embargo, continúan participando en procesos biológicos esenciales para el desarrollo óptimo, la productividad sostenida, la calidad del huevo y la inmunidad de las aves.

Su importancia se vuelve aún más evidente en la actualidad. El sector de postura atraviesa una transformación y las ponedoras modernas tienen el potencial de producir en ciclos únicos extendidos que superan las 100 semanas y se acercan a los 500 huevos por ave alojada. En este contexto, las vitaminas ya no solo acompañan el desempeño productivo, sino que contribuyen a sostenerlo.

Una nueva realidad para las vitaminas

Durante años, las vitaminas fueron asociadas principalmente con la prevención de enfermedades carenciales y el adecuado desarrollo de las aves. Sin embargo, los desafíos actuales obligan a ampliar esa mirada.

Hace apenas dos décadas, alcanzar las 80 semanas de producción era considerado un objetivo ambicioso. Hoy, los programas de larga vida productiva apuntan a superar las 100 semanas y aproximarse a los 500 huevos por ave alojada. Las principales compañías de genética coinciden en que el éxito de estos programas dependerá de la capacidad de mantener la persistencia de postura, la calidad de la cáscara, la salud ósea y la viabilidad de las aves durante ciclos cada vez más extensos.

En otras palabras, el objetivo no consiste solamente en alcanzar un buen pico de producción, sino en sostener el rendimiento durante más tiempo.

Esta realidad vuelve a poner en primer plano a nutrientes que participan activamente en procesos relacionados con el metabolismo energético, la respuesta antioxidante, la función hepática, la absorción de minerales y la integridad de los tejidos. Entre ellos, las vitaminas ocupan un lugar destacado.

¿Por qué las vitaminas cobran una nueva relevancia?

La producción sostenida de huevos representa uno de los procesos biológicos más exigentes de la producción animal. Cada huevo requiere energía, proteínas, minerales y una compleja coordinación metabólica que debe repetirse prácticamente todos los días durante más de cien semanas.

A medida que el ciclo productivo avanza, aparecen desafíos bien conocidos por productores y nutricionistas: deterioro progresivo de la calidad de la cáscara, disminución de la calidad interna del huevo, alteraciones metabólicas, mayor presión sobre el hígado y una creciente exposición al estrés oxidativo.

Muchos de estos procesos están directamente relacionados con funciones en las que las vitaminas desempeñan un papel central.

La vitamina D participa en el metabolismo del calcio y fósforo, contribuyendo a la calidad de la cáscara y a la salud esquelética. La vitamina E interviene en los mecanismos de defensa antioxidante, ayudando a proteger tejidos y órganos frente al daño oxidativo. Las vitaminas del complejo B participan activamente en el metabolismo energético y en múltiples reacciones indispensables para sostener la productividad.

Si los programas productivos actuales buscan prolongar la vida útil de las aves, resulta lógico que estos nutrientes vuelvan a ocupar un lugar relevante dentro de la estrategia nutricional.

Pero existe además otro aspecto que suele recibir menos atención. Investigaciones recientes sugieren que el envejecimiento de las aves podría modificar la forma en que el organismo utiliza determinados nutrientes. Gan y colaboradores (2020) observaron que ponedoras de edad avanzada presentaban una menor expresión de genes relacionados con la síntesis, activación y transporte de algunas vitaminas, junto con una mayor susceptibilidad al estrés oxidativo.

Estos hallazgos aportan una perspectiva particularmente interesante para los programas Long Life Layer. A medida que las aves envejecen, no solo aumenta la demanda fisiológica asociada a la producción sostenida, sino que también podrían producirse cambios en la capacidad del organismo para gestionar determinados nutrientes. Más allá de las mayores exigencias productivas, la propia biología de la gallina cambia con la edad, y comprender esta realidad será clave para diseñar programas nutricionales adaptados a las ponedoras modernas.

Lo que nos muestra la ciencia

La renovada atención sobre las vitaminas no responde únicamente a una interpretación teórica. Durante los últimos años, diversos grupos de investigación han generado evidencia que respalda su importancia en ponedoras sometidas a ciclos productivos prolongados.

Un trabajo publicado en 2024 por investigadores de la Chinese Academy of Agricultural Sciences, en colaboración con científicos de Adisseo®, evaluó el efecto de diferentes niveles de suplementación de vitamina E en ponedoras de edad avanzada. Los autores observaron mejoras en indicadores relacionados con el estado antioxidante, la salud hepática y el desempeño productivo. Los resultados refuerzan la idea de que mantener una adecuada protección frente al estrés oxidativo puede ser especialmente importante cuando las aves deben sostener altos niveles de producción durante períodos prolongados.

También en 2024, investigadores de la Zhejiang A&F University estudiaron el efecto de la vitamina E sobre el metabolismo ovárico de ponedoras de edad avanzada. Particularmente interesante resulta la evidencia que vincula la suplementación con vitamina E con mejoras en el desarrollo folicular, la actividad hormonal y la persistencia de postura, aspectos estrechamente relacionados con el desafío de sostener la productividad en aves de edad avanzada.

Por su parte, investigadores de la Beijing University of Agriculture observaron que la suplementación con 25-hidroxicolecalciferol, un metabolito de la vitamina D, mejoró parámetros relacionados con la calidad del huevo, la salud ósea y el desempeño productivo en ponedoras de fase tardía. Los hallazgos refuerzan la importancia de esta vitamina en una etapa donde mantener la calidad de la cáscara representa uno de los principales desafíos productivos.

Aunque se trata de trabajos con objetivos específicos, todos apuntan en una misma dirección: las vitaminas continúan desempeñando funciones críticas en aquellos procesos que determinan el éxito de los ciclos productivos más extensos.

La importancia de la calidad detrás de la etiqueta

Si las vitaminas están llamadas a desempeñar un papel cada vez más relevante en la productividad de las ponedoras modernas, surge una pregunta inevitable: ¿todas las fuentes vitamínicas son iguales?

La respuesta es no.

Aspectos como las buenas prácticas de producción, la seguridad de las materias primas, la estabilidad durante el almacenamiento y una adecuada fluidez durante el proceso de mezclado influyen significativamente sobre la cantidad de vitamina que finalmente consume el ave.

En sistemas orientados a superar las 100 semanas de producción, donde pequeñas diferencias pueden impactar sobre la productividad y la inmunidad de las aves, la confiabilidad del programa vitamínico adquiere una importancia estratégica.

Por ello, además de definir niveles adecuados de suplementación, resulta fundamental trabajar con fuentes respaldadas por procesos de fabricación consistentes y sistemas de control que garanticen la concentración, estabilidad y calidad declaradas.

Reflexión final

Las vitaminas llevan décadas acompañando a la producción avícola. Lo que cambió no fueron ellas, sino el desafío que enfrentan las aves.

Hoy las ponedoras modernas son capaces de producir durante más tiempo, obligando a nutricionistas, veterinarios y productores a replantear muchas de las herramientas que históricamente fueron exitosas.

En este escenario, las vitaminas continúan desempeñando funciones esenciales dentro de los programas nutricionales. La diferencia es que hoy su aporte se analiza en el contexto de aves que deben sostener altos niveles de productividad durante períodos mucho más prolongados.


Quizás ya no ocupen las portadas. Sin embargo, cuando el cronómetro supera las 100 semanas y el sistema entra en tiempo suplementario, las vitaminas siguen siendo parte del equipo que permite sostener la productividad, la calidad del huevo y la salud de las aves hasta el silbato final.


Referencias bibliográficas

  • Bain MM, Nys Y, Dunn IC. (2016). Increasing persistency in lay and stabilising egg quality in longer laying cycles: What are the challenges? British Poultry Science, 57(3):330-338.
  • Gan L. et al. (2020). More Vitamins Improve Old Layers’ Performance. Poultry Science.
  • Ma G. et al. (2024). Methionine and vitamin E supplementation improve production performance, antioxidant potential, and liver health in aged laying hens. Poultry Science.
  • Wang Y. et al. (2024). Ovary metabolome and cecal microbiota changes in aged laying hens supplemented with vitamin E. Poultry Science.
  • Gao S. et al. (2024). Dietary 25-Hydroxycholecalciferol Supplementation as a Vitamin D3 Substitute Improves Performance, Egg Quality, Blood Indexes, Jejunal Morphology, and Tibia Quality in Late-Phase Laying Hens. Animals.