Adaptación de terneros al corral de engorde: Consideraciones clave para un manejo exitoso

MV Tomás Vedoya
MV Ayelén Chiarle
Los primeros días en el feedlot representan una transición desafiante para los terneros, donde el manejo adecuado y la alimentación gradual son claves para asegurar una adaptación exitosa.

La adaptación de los terneros al corral de engorde es un proceso crítico que impacta directamente en el crecimiento y desempeño futuro de los animales. Esta etapa de transición, también conocida como adaptación al “feedlot”, corresponde a los primeros 21 a 28 días en los cuales los animales son alojados en un corral con una dieta basada en alimentos concentrados. Durante este período, los terneros enfrentan numerosos cambios, especialmente si provienen de un sistema de pastoreo y han sido recientemente destetados.

Por tratarse de una etapa sumamente delicada para los animales, es fundamental respetar los tiempos recomendados antes de comenzar a ofrecer a los animales dietas más energéticas.

Para comenzar, es necesario realizar una correcta recepción de los animales: al llegar al corral de engorde, muchos terneros se encuentran estresados, deshidratados y debilitados debido al transporte. Este estado, sumado al aumento del daño oxidativo, reduce la capacidad del animal para enfrentar a los microorganismos patógenos, lo que lo hace más susceptible a contraer enfermedades. Por ello, debemos permitir que el ganado descanse después de la descarga, evitando realizar procedimientos como vacunaciones o desparasitaciones inmediatamente. Durante este descanso, debe proporcionarse agua limpia y heno de calidad, fresco y libre de moho.

Luego de lograr una correcta de recepción de los animales, el paso siguiente es trabajar en la adaptación, la cual depende de factores interrelacionados que, si no se gestionan adecuadamente, pueden afectar de forma negativa la producción futura del ganado. El foco durante esta etapa debe estar puesto en que los animales se acostumbren a un nuevo modo de vida y de alimentación y que no pierdan peso ni contraigan enfermedades, no es el objetivo de este momento el aumento de peso. Algunos de los puntos más relevantes serán descriptos a continuación e incluyen:

  • El agua
  • La alimentación
  • Las instalaciones
  • El manejo

Agua

Cuando los animales han viajado largas horas, es altamente probable que se encuentren deshidratados, por lo que es recomendable añadir una solución de electrolitos al agua durante el período de recepción. La cantidad y calidad adecuadas del agua son esenciales para asegurar un correcto consumo de materia seca. Los bebederos deben limpiarse minuciosamente al menos una vez por semana para evitar la acumulación de algas y la contaminación con restos de comida y estiércol. El agua sucia puede disminuir el consumo de agua y, por ende, también la ingesta de alimento.

Alimentación

Para poder calcular el aporte diario de alimento, es necesario conocer de manera exacta el número de animales que se encuentran en el corral y su peso vivo promedio, así como el porcentaje de materia seca de la dieta. En cuanto al peso y tamaño de la tropa, lo ideal es que sea lo más homogénea posible, esto facilita el cálculo de consumo de alimento por animal y disminuye los problemas de competitividad.

Debemos recordar que, si los terneros provienen de sistemas de pastoreo, no están familiarizados con los comederos ni con los alimentos concentrados. Por esa razón, durante los primeros días se puede agregar heno de calidad (por ejemplo, de alfalfa) dentro de los comederos para que actúen como “llamadores” y los terneros se acerquen, encima de la fibra se puede ir agregando de a poco la ración. Si se va a utilizar ensilaje de maíz, este debe mantenerse fresco y los comederos deben limpiarse a diario.

Un desafío nutricional importante durante la adaptación es evitar la acidosis ruminal, que ocurre cuando la producción de ácidos grasos volátiles (AGV) supera a la capacidad del rumen de absorberlos. Esto puede llevar a la inflamación del epitelio ruminal (rumenitis) y a cambios en la flora ruminal que terminarán afectando la digestibilidad y la absorción de nutrientes. Estos daños pueden llegar a ser irreversibles y comprometer la producción a lo largo de la vida del animal o, incluso peor, provocar la muerte. Los trastornos digestivos son la segunda causa más común de morbilidad en los bovinos de engorde, después de las enfermedades respiratorias, por lo que es esencial monitorear y controlar esta condición durante la transición.

Para prevenir la acidosis, debe realizarse la adaptación a una dieta rica en granos de forma paulatina y en no menos de 15 días. Esta adaptación permite que proliferen las bacterias amilolíticas encargadas de degradar el almidón y que la mucosa del rumen pueda alargar sus papilas, encargadas de la absorción de los AGV hacia el torrente sanguíneo. Este enfoque gradual disminuye el riesgo de trastornos digestivos y optimiza la eficiencia alimentaria.

El aumento de la cantidad de alimento concentrado debe ser gradual. Durante esta etapa, los animales deben tener libre acceso al heno.  Una vez que los animales empiezan a dejar algo de remanente en el comedero, se considera que han alcanzado el consumo voluntario y esa cantidad debe mantenerse durante al menos un día antes de volver a aumentar. A partir de este momento, se podrá calcular la oferta de alimento de acuerdo con las lecturas de comederos.

Por último, se recomienda incluir la proteína, los minerales y las vitaminas en un porcentaje mayor al que se utiliza cuando el consumo de la ración ya es completo (consultar con un nutricionista). 

Manejo del ganado

Mantener juntos a los animales del mismo origen puede ayudar a reducir la competencia interna, ya que el orden jerárquico entre ellos ya ha sido establecido. Reagrupar o reubicar a los animales altera esta jerarquía, lo que genera estrés y reduce el consumo de materia seca y la eficiencia alimentaria. Por ese motivo se recomienda evitar reubicaciones, o al menos minimizarlas, para mantener la estabilidad social. También es fundamental evitar la presencia de perros, no gritar ni golpear a los animales, y moverlos lentamente y con cuidado.

Cabe señalar que los terneros no solo se están adaptando a una nueva dieta sino también a un nuevo entorno, incluyendo la presencia de personal desconocido, maquinarias y ruidos nuevos. Por lo tanto, el trato cuidadoso y respetuoso es crucial para facilitar la adaptación. Un ambiente tranquilo y libre de estrés favorecerá una mejor transición. 

Instalaciones

Durante la adaptación es importante asegurarnos que todos los animales tengan acceso al mismo tiempo al comedero, para ello debemos proporcionar un espacio de 25 a 30 cm por ternero (para un frame de 3 o 4). Se debe tener cuidado con la aplicación de electricidad en el frente de los comederos y/o bebidas ya se puede generar una mala experiencia que provoque que los animales se rehúsen a volver a comer. En cuanto a los bebederos, los mismos deben permitir que los terneros puedan tomar agua cómodamente, para esto es necesario verificar la altura y que el piso se encuentre en buen estado y libre de pozos y/o barro. El tamaño debe planificarse en función de que al menos el 10% de los animales del corral pueda beber al mismo tiempo. 

Conclusiones

Una adecuada adaptación durante las primeras dos a tres semanas es crucial para lograr que los terneros minimicen la probabilidad de acidosis y los brotes de enfermedades respiratorias. La transición gradual, el manejo adecuado del ganado, el acceso a agua limpia y una dieta balanceada son elementos clave para asegurar el éxito de este proceso y maximizar el rendimiento del ganado en el corral de engorde.

El primer objetivo durante el arribo de animales al engorde a corral es la rehidratación y recuperación de electrolitos. Además, fomentar un aumento rápido del consumo voluntario de materia seca, es fundamental para conseguir ajustar la dieta a los requerimientos nutricionales de los terneros.

Es recomendable trabajar estrechamente con un nutricionista para formular dietas que cubran los requerimientos de los terneros recién destetados y con un médico veterinario para establecer protocolos de prevención de enfermedades o la rápida detección de éstas. Esta colaboración asegura una transición exitosa al corral de engorde, favoreciendo tanto la salud como el crecimiento de los animales.